viernes, 6 de febrero de 2026

Febrero Día 6. Libros para desconectar.


 Hace relativamente poco. Muy poco. Dejé de sentirme mal por mis lecturas. Antes, me daba la sensación que si no leías libros complicados, de escritores súper reconocidos, escritores antiguos, etc. Si no eras un lector de este tipo, olvídate de mencionar qué lees...supongo que era o es mi manera de ser. A veces o muchas veces me doy un poco de menos. 

Suerte que la edad, una de las cosas buenas de meter años sin parar, es que te vuelves "pasota". Me da igual todo porque mi salud mental está por encima del bien y del mal. Y en eso entra lo que leo. Yo necesito "esbargir-me" (distraerme).

Empecé a leer con 12/13 años. Mi madre en esa época tenía dos trabajos y los domingos trabajaba de dependienta en una confitería. Y al lado de la confitería había una tienda de esas de barrio donde había un poco de todo. Tenían ese típico mueble de metal a lo alto con libros de bolsillo. Ella, cada domingo, de su pequeño sueldo sacaba dinero y me compraba un libro. Mi afición empezó a crecer. 

Una de las cosas que agradezco al que hizo de padre en mi adolescencia ( que son pocas pero las valoro mucho) es la lectura. Era de las pocas del instituto que se leía todo lo que nos mandaban. Ahí me enamoré de Béquer, de Gabriel García Marquez, de Edgar Allan Poe...Y de muchos escritores españoles. 

Con 2o años leía todo lo que llegaba a mis manos, fuera el género que fuera. Y como ya trabajaba, cada semana me compraba un libro. Pero llegaron los 30 y de pronto olvidé leer. Completamente.Pasaron 10 años para volver a recuperar un poco las ganas. 

Ahora con cincuenta y pico me obligué a volver a leer. Y te das cuenta de lo que hace perder el hábito. No retienes nada, te cuesta concentrarte, no encuentras el momento; el trabajo,los perros, la vida...las redes malditas...todo está primero. Y te falta motivación. A mi se me ha sumado estar en un país donde los libros son carísimos. No hay nada a menos de treinta euros...ni si quiera los de segunda mano. Es tremendo. 

Otra cosa, como no sabemos si volveremos a España o no, acumular libros de papel que luego deberé dejar se me hace un mundo. Ya tuve que donar más de 17 cajas de libros en su momento y no quiero volver a pasar por ello. 

Judit que te enrollas...a lo que iba. Que de no leer a leer libros que me hacen pasar el rato, para mi es un verdadero logro. El año pasado leí 15 libros. Y este enero ya me terminé dos más. 

Sí, la mayoría son de intriga, thrillers, etc. Fáciles.

Y una de las cosas que me hizo volver a la lectura fue el regalo de una tablet. Nunca pensé que terminaría acostumbrandome a leer un libro en una pantalla (lo odiaba) pero dicen que "a falta de pan buenas son las tortas". Y mi pareja (que es un fan de la tecnología ) tenía un montón de libros en Kindle (que muchos los compró para mi y yo ni bola le di nunca). 

Amigarme con una pantalla, rescatar libros olvidados y empezar de nuevo a leer. Quién sabe, quizás en unos años me lea esos libros complicados que los grandes lectores leen y tan buenas reseñas saben hacer.

Por ahora me quedo con descansar la mente y leer historias de intriga que me entretengan.

Estoy feliz como una perdiz.



jueves, 5 de febrero de 2026

Febrero Día 5. Volver al Cine.


Ayer fuimos al cine. Desde 2018 que no pisaba uno. Yo, que iba al cine casi cada semana cuando era más joven. Desde que estoy en este hemisferio dejé de ir. Es raro. Tengo una sensación extraña, como asociar ir al cine con otra vida. Hoy desbloqueé varios recuerdos a fuerza de pensar. La vida y el mundo cambió tanto que cuesta imaginar que tuvimos otra manera de divertirnos y de relacionarnos. No me añoro. Pero algo hizo click.

Recuerdo quedar con una amiga y recorrernos varios cines de la ciudad para decidir qué nos apetecía ver. Corría el año...déjame hacer cuentas...creo que tenía 25 años. Girona era una ciudad pequeña, donde ibas caminando a cualquier lado. Había (creo recordar) unos cinco cines, uno muy pequeño donde pasaban pelis antiguas o independientes. Todos estaban en el centro, porque en ese entonces Girona era como un pueblito. Amaba ir al cine. 

Luego, cuando me mudé a un pueblo del Maresme, con mi ex pareja teníamos la costumbre de ir entre semana al cine. En un pequeño complejo en Arenys de Mar donde habían (creo) unas ocho salas. Al lado del cine había una pequeña cafetería donde comíamos unos bikinis antes de entrar. Era casi como un ritual. 

Ayer me pareció dar un salto en el tiempo. Y uno grande. Porque no me conformé solo de proponerle a mi pobre marido que me acompañara al cine, sino que le dije que iríamos a ver Crepúsculo (insertemos aquí un emoji de desmayo)...Como buena friky que sigo siendo a pesar de mi edad, debía ver esa película. 

Él que es un amante de las películas antiguas, como Casablanca...superó con creces el "horror" de estar dos horas viendo una de adolescentes. Le preparé para las próximas, van a pasar toda la Saga...No sé si lo resistirá.

Pero a lo que iba, después de no haber pisado un cine en años, sentí felicidad. Creo que todavía me queda una sonrisa estúpida en la cara. Y quedé muy sorprendida, porque la gente  (muchas chicas jovencitas sobretodo) se comportó bien, sin reflejos de móvil, sin hablar mucho. Había leído que ir al cine útimamente era un desastre. 

Estoy contenta. Me sumergí en una burbuja oscura y cómoda que me transportó al pasado. Con una historia de vampiros adolescentes naïf, con unas vistas espectaculares de bosques verdes y una banda sonora que siempre me gustó mucho. 

  




 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Febrero Día 4. Niños perdidos.


 Aquí estoy, a las cinco de la tarde, escribiendo sobre algo que escuché esta mañana en una cuenta que sigo que me dejó llena de tristeza. Últimamente aquí en Argentina se han dado varios casos (que corren por redes) de niños chiquitos torturando y matando a animales. Yo vi "de pasada" la primera foto que mostraron y evidentemente no quise ver más. Escuché la preocupación de la directora de un centro de rescate de animales explicando la gravedad del asunto. Mi costumbre o mi mala costumbre es leer los comentarios de las publicaciones. 

Como siempre, esos comentarios no aportan absolutamente nada. Deja en evidencia eso sí, en lo que nos hemos convertido como sociedad. Una sociedad deshumanizada completamente, ajena a muchos problemas y a la que le da igual como solucionarlos.

La mayoría de esos comentarios pedían a gritos ( esas mayúsculas que algunos ponen para dar más énfasis a una opinión que nadie pidió) la muerte de esos niños, ojo por ojo, ir a por ellos y matarlos, edad imputable de 10/12 años...No sé cuántos comentarios terminó teniendo esa publicación, la verdad, no me importa. Pero me dejó preocupada y triste. 

Hay un problema grave en Argentina, es obvio. Niños de doce años portando armas y haciendo uso de ellas sin ningún tipo de reparo. Te roban y te disparan. Quizás sólo por un teléfono móvil o por tus zapatillas. Niños. Niños que su vida no vale nada y la tuya para ellos tampoco. 

Son niños, por el amor de Dios. Niños a los que nadie cuidó. Niños llenos de agresividad, mugre, desidia, desamparo y olvido. Niños que deberían haber sido protegidos por sus padres. Pero sus padres son drogadictos, delincuentes o personas violentas que vuelcan sus mierdas en un ser al que deberían atender por encima de cualquier cosa. 

Niños de cuatro añitos, que he visto con mis propios ojos, durmiendo en la calle, mendigando entre una multitud descalzos. Te rompe el corazón. Eso es lo que vemos. Cuánta maldad y crueldad dejamos de ver, dejamos ni si quiera de poder imaginar. Niños que crecen en ese entorno. Un entorno que no comprenderemos jamás. 

No. No resto importancia a la gravedad de todo esto. Al contrario. Me preocupa muchísimo. Hay miles de estos niños en las calles. Perdidos. Pero peligrosos. ¿Cómo se puede recuperar la mente y los recuerdos de una persona que ha vivido esa violencia y a ejercido esa misma violencia contra alguien?.

Hay un problema muy grave de negligencia por parte de las autoridades. El abandono del gobierno desde hace más de treinta años. Niños que vienen de tercera generación de abandono sistemático. Varios gobiernos a los que nunca les interesó en lo más mínimo este problema. Y no creo que haya un plan para solucionar un tema que cada vez es más grande. Al contrario, se debate bajar la imputabilidad de 16 a 12 años. ¿Eso es mejorar algo? 

Preparar a personas para gestionar centros para ayudar a niños víctimas reiteradas de dejadez parental, jueces, abogados y trabajadores sociales implicados para hacer cumplir la ley. Nuevas leyes, para que todo sea más fácil. Educación, por encima de todo. Educación.  

No es ser de derechas o izquieradas. Es querer una sociedad más justa y más humana. Y por qué no, si lo pensamos, egoístamente nos beneficia a todos. Cada día muere alguien víctima de un robo con violencia y uno de ellos está perpetuado por un niño. Y estoy segura que algo se puede hacer. 

Pero creo que a nadie le interesan esos niños, como no les interesa los que desaparecen, los que se venden como exclavos sexuales. La vida hoy en día es un billete. 

Los niños deberían ser un tesoro a cuidar. No un objeto. Ni "algo con vida" para negociar. 

O puedes cuidarlo bien o no lo tengas. Punto. 

El Valor de una vida es una buena vida. No una vida de mierda. 




martes, 3 de febrero de 2026

Febrero Día 3. Revelaciones nocturnas.





Últimamente duermo como el culín. Me cuesta muchísimo conciliar el sueño. El calor no ayuda, eso también influye. Y las jodidas hormonas. No sé cuando mi cuerpo abandonará esta etapa de mierda llamada menopausia, que te va fastidiando con nuevas cosas cada año que pasa. Y ninguna parecida a que te toque la lotería. O sea, ninguna alegría. Bueno, sólo hubo una. Pero joder! a qué precio!

Doy vueltas y vueltas. El cortado de ayer. Lo estoy pagando. El colchón parece estar encima de un horno. Me doy la vuelta. Miro los pies de mi pareja. El pobre debe pensar que estoy como una verdadera chota. El ventilador de techo está al 2. Me levanto, lo pongo al 3. Hace un poco de ruido. Vuelvo a levantarme, de nuevo al 2. Ya mi lado de la cama está un poco más fresco. Me pongo boca abajo y muevo la almohada. Tengo mucho sueño. Mucho.

Empieza a dolerme la cabeza. Me doy la vuelta. Miro al techo. Intento relajarme y ponerme en plan últimos minutos de yoga. Palmas hacia arriba. Cierro los ojos.   Inhalar. Exhalar.

No me sirve. Pierdo la paciencia. 

Fuera pensamientos. Deja la mente en blanco. 

No puedo. Muchas noches aparece Chinchu. Lunes día 2 de diciembre. Ya en casa. La anestesia todavía lo tiene aturdido. Es raro. Aparto el pensamiento. No quiero regresar a ese día. Imagino su cara feliz. 

Muevo el recuerdo. 

De golpe una nueva imagen. Mis perros en transportines en el aeropuerto. Maduixa está aterrorizada, no deja de mirarme.Sé que cuando ya no me vea querrá escapar. Morderá el transportin hasta que le sangren las encías. Palito no parará de ladrar y de jadear. Y su corazón no sé si lo aguantará. Coquito llorará de esa manera que hace él cuando se queda solo. Estarán 17 horas como mínimo ahí dentro...me desespero. 

Cada noche es lo mismo. Hace poco que me he dado cuenta. La preocupación me mata. Viajar diez mil quilómetros con tres perros en un avión no es nada fácil. Quizás por eso postergamos tanto nuestro viaje. Quiero irme. Quiero irme, de verdad. Pero...la angustia me mata. O no me mata, pero no me deja dormir.



lunes, 2 de febrero de 2026

Febrero Día 2 . Dispersión.




El sábado me llegó el calendario que compré al refugio en el que colaboro de vez en cuando. Reconozco que tengo un toc con apuntar todo y me estaba dando un yuyu. No sé como sobreviví a Enero.

Día 2 de febrero...hoy hace un año y dos meses que murió Chinchu. Algún mes lo he olvidado, creo que no le recordé el mes pasado. Pero hoy volvió el recuerdo y con él una punzada en el corazón. Lo extraño.

Llevo sentada frente al portátil más de una hora. Me he hecho un cortado, que no debería haber tomado porque luego me dan las tantas de la madrugada, pero me estaba entrando morriña y tenía ganas de escribir un rato. Haciendo caso omiso de mi buen juicio y futuro insomnio me lo tomé. Fastidiate. Pero sigo perdiendo el tiempo con mi movil y escroleando por instagram. Maldita red del demonio! 

Subo una historia del gato de un amigo que necesita ayuda para encontrarle un hogar. Pierdo más el tiempo. Después de hora y media vuelvo aquí. 

Maduixa me mira con ojos achinados desde el sofá y escucho a Palito lloriquear en la otra habitación porque mi pareja no le da bolilla. Pienso en lo bien que viven mis tres perros. Coquito es el más jovencito y está espachurrado en la cama roncando como un bendito. 

Me he tomado este mes de vacaciones. Vacaciones de asfalto. A 35 grados. Pero que queréis que os diga, es lo que hay. Me digo a mi misma: mientras tenga aire acondicionado la vida de allá afuera me da completamente igual. También avisé a todo el mundo. No me llaméis para quedar hasta que empiece a refrescar. Nada de cafés a las 5 de la tarde que parece que Satanás está escupiendo fuego. 

Me he propuesto escribir diez minutos al día durante este mes. ¿Por qué? No sé. Quizás para desintoxicarme un poco de instagram y volver al pasado que ahora está tan de moda. Aunque visto lo visto si hago como hoy que para escribir esto me he tirado dos horas a la balalá...no sé si servirá...