domingo, 9 de agosto de 2026

Domingo raro.



Llevo unos días muy agobiada. No sé porqué. O sí, y no lo quiero reconocer. Este trabajo me está costando un poco más de lo que pensaba. Ya sé, sólo llevo un mes y medio. No puedo aprenderlo todo en un miserable mes. Teniendo en cuenta que tampoco es que haya un formación espectacular. Es más: espabila como puedas!. Mañana lunes y toda la semana, me quedo las cuatro horas atendiendo llamadas yo sola. 
Pues la verdad, no me siento preparada, eso me pone de muy mal humor y empiezo y termino con mucho dolor de cabeza. Una amiga me ha dicho que no debo tomarme las cosas tan en serio. 

Es algo que no arreglo con la edad. Mejoré un poco, pero veo que no demasiado. Y el mal humor va en aumento. Tan en aumento que tengo ganas de mandar a la mierda todo. 

También me he dado cuenta de que estoy cansada. Muy cansada. Necesito algo diferente. Ya no puedo con esta ciudad. Me supera. Tanto cemento, tanta gente en esta avenida, el ruido constante que no cesa ni un miserabale segundo. Coches y más coches. Gritos de gente desquiciada. Salir con los perros y tener que estar esquivando a niños, a más perros, padres histéricos. Creo que no lo soporto más. 

El otro día, curioseaba un día de playa de unas amigas en el otro hemisferio. Estaban en una cala de la Costa Brava. Habían hecho una foto desde las rocas y se veía el mar de ese color azul verdoso. Ni si quiera sentí envidia, sentí ira. Y dolor. Hace diez años que estoy en esta ciudad. Estoy tan blanca que casi soy translúcida. Ya no sé qué se siente al pisar la arena caliente. Meterse en el agua. Flotar. Sentir el sabor de la sal. Salir hecha una pasa de uva. Secarse en un minuto tostándote de calor.
Aprovechar un domingo a la mañana, hacer 40km de mierda, llegar a la playa, bañarse y volver. Así de simple. Así de fácil.

Me odio un poco, por no haber sabido ver en su momento del privilegio de vivir cerca del mar. Y no de aprovecharlo más, también. 

Y de seguir con este momento de incertidumbre. O con algunos años de incertidumbre. Donde todo está detenido. Donde no avanzamos. Donde me he quedado varada con una pata en cada continente. Y nada es fácil, ni simple. Porque la vida como tal te pone en estas situaciones y tienes que joderte.

Necesitaba vomitar este mal estar. Veremos cómo marcha la semana con el trabajo y si el frío continúa un poco más, que al menos es lo único que está a mi favor. Esta ciudad con frío. Sólo de pensar en otro verano en esta avenida y siento que estoy a nada de convertirme en Hulk.


viernes, 31 de julio de 2026

Dejar ir





Renunciar también, es un poco una pérdida. 

Con este nuevo trabajo he tenido que ir tomando decisiones. Ya hace un mes que trabajo en mi horario y aunque todavía me faltan muchas cosas que aprender, me he adaptado y le he pillado el truco bastante rápido. Los nervios todavía me matan, porque no me gusta hacer las cosas mal, y he invertido horas para tener pocas sorpresas. Así que todo va viento en popa y lo más importante, el trabajo me gusta. ( y bueno! dejémonos de tonterías, no trabajo para la Nasa...).

Pero evidentemente, el día tiene 24 horas y deberíamos trabajar sólo ocho, ¿no? Y con la casa, los perros, bla, bla, bla...siempre terminamos trabajando mucho más. 

Pensaba que podría combinarme este trabajo de la mañana con el mío de la tarde...pero va a ser que no. 
Yo tenía (bueno tengo) dos marcas de accesorios, que a pesar de no tener muchos seguidores en Instagram, me iba bastante bien. Soy de las que se mueven mucho por el barrio y dejo en depósito (consigna) material a las tiendas. Luego una vez por mes paso a hacer stock, repongo lo vendido, cobro y vuelta a empezar.

También vendo en plataformas online. Antes tenía mi propia tienda (que cerré a principios de año porque la cosa no andaba muy bien y pagar por pagar, pues va a ser que no.)

Total...que hace mucho que le doy vueltas a dejar una de esas marcas. Me da pena, porque son como mis hijos. Es algo que creé de la nada, buscar un nombre, buscar el estilo, crear piezas...pero todo tiene su fin. 

O no. 

Tengo una amiga muy talentosa y cada vez que quedamos hablamos del trabajo, ella es artesana, de las buenas, con mucho potencial y fuerza. 

Es optimista, siempre mira hacia delante, por mucho que la vida se lo ponga difícil. Así que le ofrecí uno de mis hijitos ¿quién si no le daría todo ese amor que ahora le faltaba? Ella sin duda! Y no dudó. jejejeje

Así que le digo adiós a Reino de Sapos, pensaba que me daría más pena o que me costaría tomar esa decisión. Pero el día que Silvi se llevó todo el material y yo desocupé una parte de mi habitación/taller, sentí alivio. 
Pero no sólo eso, sentí que quizás ahora esas piezas van a llegar más lejos. 

Deseo que a mi amiga le vaya bien. Que llegue muy lejos, pero sobretodo, que le de un buen sueldo a fin de mes.

Que por eso trabajamos, al fin y al cabo.



miércoles, 1 de julio de 2026

¿Suerte?



Quería hablar de cómo me fue el viaje, pero la verdad que no tengo ganas...
Pero sí voy hablar de algo que me trajo este viaje. 

Tengo una amiga a la que conocí en un trabajo y desde entonces, nos hemos ido viendo o escribiendo, pero nunca hemos perdido el contacto. Ella se fué a vivir al sur de España y yo me vine a este hemisferio,  y de vez en cuando nos mandamos algún audio para saber cómo van las cosas. 

Hace unos dos años, hablando de mi regreso, le conté que yo debía encontrar un empleo para poder volver a cotizar en la S.Social española y tener cobertura médica. Estuvimos charlando de su trabajo y recuerdo decirle que un trabajo así me gustaría.
Así que me dió la web de la empresa. Ahí quedó todo.

Este mes que estuve en España y viendo como estaban las cosas por aquí, me dió por escribir a mi amiga y comentarle si podía enviarme de nuevo la web para enviar un currículum. La verdad verdadera es que se lo pedí, en uno de esos arranques de histeria que me entran cuando la vida me da esas sorpresas de mierda y no sabes para dónde tirar. 

Con el paso de los días y las semanas, me vuelve a escribir mi amiga y me dice que su jefe no ha recibido el currículum y que le interesa. Me quedo de piedra. Le digo que quizás me precipité. Me contesta que igualmente hable con él, me pasa su número. 
Ella le había hablado de mi. 


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Ayer me topo con una colega y le cuento que empecé a trabajar. Cuento la historia. 
-Pero qué suerte! me contesta. 

Y eso de la "suerte" me está dando vueltas y más vueltas a la cabeza...
¿qué es la suerte? 
Suerte es que te toque la lotería cuando nunca juegas. 
Suerte es que un terremoto no te destroce la vida. 

No sé si creo en la suerte, pero sí creo en el trabajo bien hecho, en el esfuerzo. No creo en esos gurús que te dicen que si proyectas lo lograrás. Puedes lograrlo pero no desde el sofá. Las cosas se consiguen si previamente haces las cosas bien. Así que la suerte aquí, no sé si se "inserta" bien...

Durante días también me dije: qué suerte has tenido...

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Le escribo al jefe de mi amiga y le digo que me vuelvo a Argentina y que no sé cuando volveré a España.
Me contesta que si me interesa en serio puedo trabajar desde allá. (ojos de búho)
Le digo que le hablo cuando llegue. Tardo en responder, por alargar mi estadía y llegar hecha mierda. 
Me llama él: ¿Cuándo puedes empezar?

...qué suerte has tenido...

Y pienso: me recomendó una amiga que sabe a ciencia cierta cómo trabajo ( no soy excepcional, soy una trabajadora del montón, pero me tomo las cosas muy en serio, me gusta aprender y sobre todo me gusta hacer las cosas bien. Pero llevo más de veinte años siendo autónoma. Sin jefes. También sin sueldo fijo...jejeje...importante matizar.)

Todo llega por algo. Seguramente. 

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Este va a ser un trabajo de media jornada, seré una secretaria on line, dónde atenderé a unas 200 empresas diferentes cada una con sus protocolos y su intringulis. Atendiendo a gente de toda España que necesitan información, turnos o consultas. 
No vendo nada...(emoji de satisfacción y suspiro de alivio).
Hablo con gente que es lo que más me gusta.
No les veo la cara que esto también es un mega plus de satisfacción y de alivio (valga la redundancia).
Ah! y no me muevo de mi casa.

...qué suerte has tenido...

No sé si es suerte, por ahora, mi predisposición ha sido siempre buena, el ordenador es mío, me compré los auriculares, estuvimos días y días para que la conexión funcionara porque fallaba el audio. Me levantaba temprano para conectarme, pasear a mis perros, desayunar...porque están las cinco horas de diferencia. Una semana y media de formación (que debían ser tres) pero que se quedó a medias por una compañera de baja y empecé a atender antes sin saber la mitad de las cosas y aprendiendo a las tardes por mi cuenta...

...pero...qué suerte has tenido...

Repito, no sé si es suerte. 

Me viene a la mente cuando trabajé durante siete años en mi trabajo de "día" como vendedora, y en mi trabajo de "noche" en una discoteca como camarera. Siete años de mi vida sin un maldito día de fiesta, sin descanso. Todo para poder ahorrar y poder comparme un piso pequeño. Y que luego la gente me dijera o me sigue diciendo, qué suerte tú que tienes un piso...Pero bueno...eso es otra historia y me entra cansancio solo de pensar en esa época...

...creo que la suerte es otra cosa...





martes, 7 de abril de 2026

Diario Abril 7. De casa al aeropuerto.


 Hablando de viajes...En una hora vienen a buscarme y voy hacia el aeropuerto de Ezeiza. En estos días sin escribir, se resolvieron varias cosas en mi otro hemisferio. Mi  ex pingüino por fin solucionó todos sus temas y este mes pasado estuvimos los dos terminando de ordenar y arreglar todo lo que se necesitaba para hacer la operación. 
Hacer tratos con un banco, la verdad, no se lo deseo a nadie. Los muy desgraciados parece que te estén haciendo un favor. Nunca cambiará esa mierda de mentalidad. Pides un dinero que vas a devolver con una de intereses bárbaros, si no puedes pagar se te quedan la casa y te queda el crédito. 
¿Qué me estás contando satanás? ¿Qué favor me estás haciendo? 
Me pongo de los nervios y eso que el dinero no lo debo pedir yo...pero es que...casi que debes darles la talla de tus bragas, joder!

Por otra parte, sé que debería estar agradecida y contenta. Puedo viajar, sola, como siempre. Porque alguien debe quedarse con los tres perros y ese es mi marido...esta vez se nos complicó por el tema de las comidas y porque tenemos unos bicharracos no muy sociables. Y te da un poco de miedo dejárselos a alguien. 
Ya sé, hay guarderias. No nos fiamos...
Como digo, debería estar agradecida por poder viajar y poder ver a mi madre. Nunca lo conté pero el año pasado en estas mismas fechas tuve que pillarme un vuelo bastante deprisa, porque mi madre tuvo una caída donde se rompió tres costillas que a la semana derivó en una embolia pulmonar, en la siguiente semana en una neumonía y una bacteria en el pulmón. Y en esas viajé sin pensarlo. Por suerte después de un mes en el hospital mi madre se fue recuperando y yo pude estar a su lado. 

Parece ser que la primavera en ese hemisferio no es muy amigable. 

Siempre dije que tengo una especie de instinto brujil. Ayer estuve todo el día irritable, muy nerviosa y agobiada. La verdad, odio viajar. Odio el avión, y no porque le tenga miedo. Odio la incomodidad de estar 12 horas encerrada con gente que no conozco. Odio que mucha de esa gente sea muy maleducada.Golpes en el asiento. Personas que no paran de mover cosas de los compartimentos. Últimamente el pasillo del avión es como las Ramblas de Barcelona, un sin vivir. O sea. Un puto agobio. 

Pero era algo más, no sé. Pues nada...hoy supe el porqué. Hoy me llama el pingüino y ayer se pasó toda la noche en el hospital con un cólico renal. Y encima hoy a la mañana debía ir al banco (que está a 50 km) a buscar un certificado para llevarlo al notario. Un planazo fantástico el pobre hombre...

Y nada...me voy para el aeropuerto con mi histeria y mi agobio. 
Espero que me den de comer tempranito, que pueda ver por tercera o cuarta vez la peli de Elvis que dura dos horas y media y así no pienso en nada. Y que no se escape ningún misil del tarado de Trump en nuestra ruta hacia la península. Además caigo en Madrid y debo tomar el Ave...que me han dicho que en lugar de tres horas serán cinco...bueno, ¿sabes qué? que me da igual todo...




martes, 17 de marzo de 2026

Fe y Viajes.

 

El otro día curioseaba en el Instagram de una amiga las fotos de sus múltiples viajes. Es una mujer  que le encanta conocer mundo. Cuando hablamos y me cuenta sus historias no puede entender que a mi no me guste viajar.

Me di cuenta que viajar es como tener fe. Te gusta o no te gusta. No hay punto entremedio. O tienes fe o no la tienes. No crees por mucho que te esfuerces, por mucho que lo intentes o lo necesites. No te sale. Y por más que pretendan hacerte ver que vas a arder en el fuego eterno, no hay manera. Sinceramente, lo digo con una mano en el corazón, deseé muchísimas veces tener esa capacidad.

Fui a un colegio de monjas, casi todas eran adorables. Y digo casi todas, hasta que me tocó hacer la comunión y no quise. Ahí hubo alguna que se puso bastante intensa. Tan intensas que me amenazaron diciendo que mis hermanos pequeños no harían la comunión si yo no iba a catequesis con ellos. 

Así, se aseguraban que yo cambiara de opinión. Tuve que pasar por el aro y acompañar a mis queridos hermanos durante unos meses a catequesis pero cuando llegó la hora de hacer la comunión me negué rotundamente. Fue casi como una pequeña venganza. Tenía 13 años y empezaba a tener muchas dudas sobre la "vida eterna" y la religión.

No siempre fui así...de pequeña (no recuerdo a que edad) quise ser monja. Un día, el colegio nos llevó de excursión a un convento de clausura en medio del bosque. Tengo pocas imágenes. 

Cuando esperábamos para traspasar los altos muros de piedra. Una gran puerta de madera con una pequeña ventanita con rejas se abrió y vi a una señora que nos sonrió. Se escuchó un gran cerrojo abrirse y ahí estaba ella, vestida de negro (creo que era negro pero podría haber sido marrón) hasta los pies y con su velo blanco y negro que le cubría toda la cabeza y el cuello (eso sí lo recuerdo bien).

Entramos a un patio muy grande con muchas plantas. Miraras donde miraras, sólo veías árboles y un cielo azul inmenso. Sé que durante un tiempo recordé esa quietud, ese silencio. Y esa devoción. Devoción por un algo o un alguien que era superior a todo, a ellas mismas. Que veneraban rezándole cada día. Era algo grandioso. ¿Y las monjas que no hablaban? con sus votos de silencio. Yo, que era una parlanchina a la que a veces castigaban por no callarse... me pareció algo tremendo. Vivir ahí adentro, con unas reglas diferentes al mundo que yo conocía. Desconectadas. 

Pero la edad te hace ver la realidad. Y la realidad es que la religión la rigen los humanos. No hay nada de grandioso en venerar a una institución al final del día. Es muy cansado y no vale la pena.

Empecé comparando viajar con la fe. Mi amiga no puede entender que no me guste ir a otros países, que no me guste recorrer ciudades o pueblos. Creo que ella tiene una especie de necesidad de vivir entre aeropuertos y callejuelas pintorescas. De ir encontrándose personas y compartir tiempos minúsculos, donde sólo caben momentos de felicidad y sorpresa. La gente siempre es más interesante de vacaciones.

A mi conocer gente o conocer otros lugares solo de "pasada" no me llama nada la atención. Vivir ya es otra cosa. Mezclarte con los "autóctonos", comprender su día a día, su historia. 

Me gusta pasearme,eso sí. Quizás un pueblito cercano, una montaña, ver el mar...Nada de aviones, de largos trayectos, de maletas pesadas. 

Sí...viajar es como tener fe, o lo echas en falta y te es necesario para seguir con tu vida o para que tu vida sea más tolerable o no lo precisas para nada. 

Por suerte, yo no preciso ni viajar ni creer y eso hace que mi vida sea más sencilla.