Espero tomando un capuchino en una franquicia francesa llamada "Le Ble" , en un barrio medio pijo de una localidad de Buenos Aires. Por suerte llevo un libro y está en un punto bastante interesante así que el tiempo me pasa bastante rápido.
Pero no puedo evitar sentirme triste. Siempre es lo mismo y aunque cada vez me hago más resistente a la realidad hay días que me puede.
Al buscar parking cerca de la consulta el único perro escuálido, mil leches, con un collar viejo y de un color lila descolorido pasea solo por la calle. Miro a mi alrededor, nadie que lo acompañe. Pero como estamos en un lugar de casas bajas y bastante solitario quizás es "el típico can" al que abren la puerta y se va a pasear...
Como llegamos a la consulta médica con una hora de antelación sugiero buscar una cafetería. Caminamos durante unos cinco, diez minutos. De nuevo aparece el perro del collar viejo.
Lo miro bien. Hace tiempo que vive en la calle. Ya los reconozco.
Mi pareja me mira. Yo lo miro. Bajo la cabeza y sigo caminando, el perro tiene puesta la directa y va en dirección contraria a la nuestra. Está flaco y tiene una herida vieja tipo cicatriz en el lomo.
"Le Blé" está bastante lleno de gente a pesar de que un simple capuchino valga 1500 pesos y si añadimos algo de comer se te dispare a $4000.
A fuera, sentados en una mesa hay un grupo de chicos con uniformes verdes. Están merendando sus tazones de café con leche y rolls de canela. Adentro una madre alta y delgada con sus jeans ajustados, zapatillas de moda y forro polar de marca pide para llevar, mientras su hijo de unos 12 años súper alto pero con cara de bebé y uniforme azul espera en la puerta con un perro raza Jack Russell.
Si puedo me siento siempre en las mesas que están al lado de una ventana y me dejan curiosear.
Más madres. Más adolescentes. Debe haber un colegio un poco pijolandio en esta zona. Todas las mujeres se parecen; mismas zapatillas, tipo de ropa, bolsos...Los mismos perros.
Siento un vacío enorme, una tristeza desgarradora. Siempre me pasa. No lo puedo evitar. Es esa enorme brecha que hay en este mundo. Cada vez más enorme, cada vez más honda.
Las vidas perfectas. No hay espacio para algo feo, que no sea de raza, de marca o como te venda la última instagramer.
La abundancia versus la pobreza.
Lo perfecto contra lo defectuoso.
Rescaté esta entrada de borradores. Es del 16/10/2023 pero es como si la hubiera escrito justamente esta semana porque me pasó algo parecido...Desgraciadamente no puedo llevarme todos los perros que me encuentro y eso me genera mucha ansiedad. Soy consciente que ahora no puedo hacer más de lo que hago. Que ayudo de otra manera y aunque siempre me parezca muy poco, algo es algo.
Han pasado dos años de esta entrada y me fijo en el precio del café...ahora tomarse un capuchino en cualquier lado ronda los 4000 pesos y si lo acompañas con algo de comer te vas a los nueve mil pesos. Es igual quien esté en el gobierno, en este país la inflación no creo que nunca se arregle.
Y aunque no se dispare, los comercios "por defecto" siempre suben los precios cada X meses. Ya es algo normalizado. Lamentablemente.
Nada cambia.


.jpeg)



