miércoles, 4 de febrero de 2026

Febrero Día 4. Niños.


 Aquí estoy, a las cinco de la tarde, escribiendo sobre algo que escuché esta mañana en una cuenta que sigo que me dejó llena de tristeza. Últimamente aquí en Argentina se han dado varios casos (que corren por redes) de niños chiquitos torturando y matando a animales. Yo vi "de pasada" la primera foto que mostraron y evidentemente no quise ver más. Escuché la preocupación de la directora de un centro de rescate de animales explicando la gravedad del asunto. Mi costumbre o mi mala costumbre es leer los comentarios de las publicaciones. 

Como siempre, esos comentarios no aportan absolutamente nada. Deja en evidencia eso sí, en lo que nos hemos convertido como sociedad. Una sociedad deshumanizada completamente, ajena a muchos problemas y a la que le da igual como solucionarlos.

La mayoría de esos comentarios pedían a gritos ( esas mayúsculas que algunos ponen para dar más énfasis a una opinión que nadie pidió) la muerte de esos niños, ojo por ojo, ir a por ellos y matarlos, edad imputable de 10/12 años...No sé cuántos comentarios terminó teniendo esa publicación, la verdad, no voy a ir a mirarlo. Pero me dejó preocupada y triste. 

Hay un problema grave en Argentina, es obvio. Hay niños de doce años portando armas y haciendo uso de ellas sin ningún tipo de reparo. Te roban y te disparan. Quizás sólo por un teléfono móvil o por tus zapatillas. Niños. Niños que su vida no vale nada y la tuya para ellos tampoco. 

Son niños, por el amor de Dios. Niños a los que nadie cuidó. Niños llenos de agresividad, mugre, desidia, desamparo y olvido. Niños que deberían haber sido protegidos por sus padres. Pero sus padres son drogadictos, delincuentes o personas violentas que vuelcan sus mierdas en un ser al que deberían atender por encima de cualquier cosa. 

Niños de cuatro añitos, que yo he visto con mis propios ojos, durmiendo en la calle, mendigando entre una multitud descalzos. Te rompe el corazón. Eso es lo que vemos. Cuánta maldad y crueldad dejamos de ver, dejamos ni si quiera de poder imaginar.

No. No resto importancia a la gravedad de todo esto. Al contrario. Me preocupa muchísimo. Hay miles de estos niños en las calles. Perdidos. ¿Cómo se puede recuperar la mente y los recuerdos de una persona que ha vivido esa violencia y a ejercido esa misma violencia contra alguien?.

Hay un problema muy grave de negligencia por parte de las autoridades. El abandono del gobierno desde hace más de treinta años. Niños que vienen de tercera generación de abandono sistemático. Varios gobiernos que nunca les interesó en lo más mínimo este problema. Y no creo que haya un plan para solucionar un tema que cada vez es más grande. Al contrario, se debate bajar la imputabilidad de 16 a 12 años. ¿Eso es mejorar algo? 

Preparar a personas para gestionar centros para ayudar a niños víctimas sistemáticas de dejadez parental, jueces, abogados y trabajadores sociales implicados para hacer cumplir la ley. Nuevas leyes, para que todo sea más fácil. Educación, por encima de todo. 

No es ser de derechas o izquieradas. Es querer una sociedad más justa y más humana. Y por qué no, si lo pensamos, egoístamente nos beneficia a todos. Cada día muere alguien víctima de un robo con violencia y uno de ellos está perpetuado por un niño. Y estoy segura que algo se puede hacer. 

Pero creo que a nadie le interesan esos niños, como no les interesa los que desaparecen, los que se venden como exclavos sexuales. La vida hoy en día es un billete. 

Los niños deberían ser un tesoro a cuidar. No un objeto. Ni "algo con vida" para negociar. O puedes cuidarlo o no lo tengas. Punto. 

El Valor de una vida es una buena vida. No una vida de mierda. 




martes, 3 de febrero de 2026

Febrero Día 3. Revelaciones nocturnas.





Últimamente duermo como el culín. Me cuesta muchísimo conciliar el sueño. El calor no ayuda, eso también influye. Y las jodidas hormonas. No sé cuando mi cuerpo abandonará esta etapa de mierda llamada menopausia, que te va fastidiando con nuevas cosas cada año que pasa. Y ninguna parecida a que te toque la lotería. O sea, ninguna alegría. Bueno, sólo hubo una. Pero joder! a qué precio!

Doy vueltas y vueltas. El cortado de ayer. Lo estoy pagando. El colchón parece estar encima de un horno. Me doy la vuelta. Miro los pies de mi pareja. El pobre debe pensar que estoy como una verdadera chota. El ventilador de techo está al 2. Me levanto, lo pongo al 3. Hace un poco de ruido. Vuelvo a levantarme, de nuevo al 2. Ya mi lado de la cama está un poco más fresco. Me pongo boca abajo y muevo la almohada. Tengo mucho sueño. Mucho.

Empieza a dolerme la cabeza. Me doy la vuelta. Miro al techo. Intento relajarme y ponerme en plan últimos minutos de yoga. Palmas hacia arriba. Cierro los ojos.   Inhalar. Exhalar.

No me sirve. Pierdo la paciencia. 

Fuera pensamientos. Deja la mente en blanco. 

No puedo. Muchas noches aparece Chinchu. Lunes día 2 de diciembre. Ya en casa. La anestesia todavía lo tiene aturdido. Es raro. Aparto el pensamiento. No quiero regresar a ese día. Imagino su cara feliz. 

Muevo el recuerdo. 

De golpe una nueva imagen. Mis perros en transportines en el aeropuerto. Maduixa está aterrorizada, no deja de mirarme.Sé que cuando ya no me vea querrá escapar. Morderá el transportin hasta que le sangren las encías. Palito no parará de ladrar y de jadear. Y su corazón no sé si lo aguantará. Coquito llorará de esa manera que hace él cuando se queda solo. Estarán 17 horas como mínimo ahí dentro...me desespero. 

Cada noche es lo mismo. Hace poco que me he dado cuenta. La preocupación me mata. Viajar diez mil quilómetros con tres perros en un avión no es nada fácil. Quizás por eso postergamos tanto nuestro viaje. Quiero irme. Quiero irme, de verdad. Pero...la angustia me mata. O no me mata, pero no me deja dormir.



lunes, 2 de febrero de 2026

Febrero Día 2 . Dispersión.




El sábado me llegó el calendario que compré al refugio en el que colaboro de vez en cuando. Reconozco que tengo un toc con apuntar todo y me estaba dando un yuyu. No sé como sobreviví a Enero.

Día 2 de febrero...hoy hace un año y dos meses que murió Chinchu. Algún mes lo he olvidado, creo que no le recordé el mes pasado. Pero hoy volvió el recuerdo y con él una punzada en el corazón. Lo extraño.

Llevo sentada frente al portátil más de una hora. Me he hecho un cortado, que no debería haber tomado porque luego me dan las tantas de la madrugada, pero me estaba entrando morriña y tenía ganas de escribir un rato. Haciendo caso omiso de mi buen juicio y futuro insomnio me lo tomé. Fastidiate. Pero sigo perdiendo el tiempo con mi movil y escroleando por instagram. Maldita red del demonio! 

Subo una historia del gato de un amigo que necesita ayuda para encontrarle un hogar. Pierdo más el tiempo. Después de hora y media vuelvo aquí. 

Maduixa me mira con ojos achinados desde el sofá y escucho a Palito lloriquear en la otra habitación porque mi pareja no le da bolilla. Pienso en lo bien que viven mis tres perros. Coquito es el más jovencito y está espachurrado en la cama roncando como un bendito. 

Me he tomado este mes de vacaciones. Vacaciones de asfalto. A 35 grados. Pero que queréis que os diga, es lo que hay. Me digo a mi misma: mientras tenga aire acondicionado la vida de allá afuera me da completamente igual. También avisé a todo el mundo. No me llaméis para quedar hasta que empiece a refrescar. Nada de cafés a las 5 de la tarde que parece que Satanás está escupiendo fuego. 

Me he propuesto escribir diez minutos al día durante este mes. ¿Por qué? No sé. Quizás para desintoxicarme un poco de instagram y volver al pasado que ahora está tan de moda. Aunque visto lo visto si hago como hoy que para escribir esto me he tirado dos horas a la balalá...no sé si servirá...

domingo, 25 de enero de 2026

Los museos y su quietud.







Si me preguntasen por qué me gustan los museos o las galerías de arte, contestaría que me gusta la sensación de orden. Y me gusta el silencio. Es de los pocos lugares que aún se respeta ( si no es una inauguración, por supuesto) hablar en voz baja o simplemente vagar por las estancias en " modo mute ". Contemplando obras que no entiendes, de las que no sabes nada, de las que odias o amas. 
Pero, de algún modo disfrutas.

Yo no tengo ni la más puñetera idea de arte. Menos de pintura ni de pintores. Pero me gusta pensar, en cómo alguien llega a ser reconocido por lo que hace.

" El Arte es Subjetivo". Está más que claro. Lo que yo puedo considerar horroroso, otra persona puede llegar a pagar millones. ¿Quién y cómo se valora un objeto para considerarlo bueno para una exposición?.

Más allá de las obras, siento una extraña fascinación por los edificios. Escaleras de madera que flotan en el aire acompañadas de otras mecánicas. Ventanas que dejan ver edificios imponentes. Salas gigantescas con objetos o cuadros perfectamente alineados. Presente y futuro mezclados de forma perfecta, estudiada. 
Lo antiguo con lo abstracto y lo contemporáneo. Una amalgama de sensaciones diferentes. 

Si me preguntan...quizás no visito exposiciones por el arte en si. Visito lugares. Observo la quietud del pasado. No entiendo la mayoría de las obras pero reconozco el valor de seguir vivas para alguien. 

Y me gustan los espacios. Es como estar dentro de una burbuja. El aire frío polar de las estancias. 
Las paredes blancas. La pulcritud. De nuevo; el orden, el silencio. 
El ruido del mundo queda afuera por unas horas. 

COLECCIÓN FORTABAT
FUNDACIÓN AMALIA LACROZE DE FORTABAT
Buenos Aires


 

lunes, 5 de mayo de 2025

El silencio hace ruido. (Dejar el mundo atrás)


Esta película de Netflix con Julia Roberts a la cabeza no tiene muy buenas críticas. Al menos las que yo he leído. La gente espera un film de acción puro y duro. Al estilo peli apocalíptica, de gente corriente que en la segunda escena ya saben como manejar un arma, clavar un cuchillo y matar a cualquiera que se le acerque, hacer fuego con las pestañas y encontrar comida utilizando la nariz como un perro.

Siento decepcionar pero no. No tiene acción. Es una película lenta que he visto tres veces...Ya sé. 
No es para tanto. Tampoco es tan buena. Quizás no. 

Pero con todo lo que está pasando en el mundo. El apagón en España, por ejemplo, (que al principio me lo tomé un poco a risa con lo histérica que se pone la peña, ya que aquí nos quedamos sin luz cada verano. Pero luego cuando lo piensas un poco, aquí es normal, la luz es "barata", no se cambian cableados, no se hace mantenimiento, todo se cae a pedazos...¿pero España?...ahí no debería pasar...Y no fue un barrio o dos... fue la península, Portugal, algo de Francia...Bueno sí, ya no hace ni pizca de gracia.)

Total, que ayer la volví a ver... Y me parece tannnn acertada en estos tiempos que estamos viviendo.

Sipnosis: un matrimonio clase media alta se va de fin de semana largo a una casa a las afueras de la ciudad con sus dos hijos, la cual alquilan a través de una app y mail con el dueño. La casa es un lujazo. En mitad de la noche aparece el dueño de la casa y su hija pidiendo por favor quedarse esa noche porque hay un apagón en la ciudad y no quieren arriesgarse a conducir...
Y cómo diría Mayra en Un Dos Tres: Hasta aquí puedo leer...

Para empezar nos cuenta algo que ya todos sabemos, lo dependientes que somos de la electricidad y de lo que ello conlleva; en una Era dónde nos comunicamos, trabajamos , transportamos y comemos gracias a la Red. Cuando esta se cae, entramos en pánico. No solo eso, sino que no podemos llegar a procesar la inmensidad en la que estamos sumergidos hoy en día por esta causa. 

Creo que la película no gusta porque es una crítica sutil o no tan sutil de nuestra manera de vivir.

La manera de Julia Roberts de hablar, ese tono arrogante de la gente que va de superior por la vida, porque tienen pasta o estudios o lo que sea que creen que tienen de más. Su manera prejuiciosa y racista en la que recibe al dueño de la casa. Ese hombre negro no puede tener esa casa...La manera a la que habla a la hija de él, de manera irónica y despectiva.
Al final es estúpido pensar que aunque seas de clase media alta vas a tener más privilegios que otros...Los que tienen los privilegios ni siquiera son los ricos, sino los que están "conectados" con los que mandan. 

Padres cincuentones ajenos a sus hijos; sin saber en qué andan, con quién andan o lo que les interesa. 
No los escuchan ni comprenden.

Hijos desapegados a sus padres, viviendo en su mundo. O en el mundo de fantasía de las redes o series. Como se ve en la nena chiquita de la pareja, enajenada por ver la serie Friends. Hay un momento en el que dice que los protagonistas de la serie, son los únicos que la hacen feliz. Los necesita. Los ama.
Totalmente disociada con la realidad, su realidad es la vida de esos personajes.

Mi escena preferida: cuando están en la playa y ven acercarse el carguero...estamos tan enganchados a las pantallas que todo parece una fantasía. 
Me doy cuenta, cuando leo comentarios en redes, la gente no ve ni entiende.
No procesa. Las pantallas han hecho que todo parezca inventado. Y en la calle, en la realidad, la gente no reacciona. También me incluyo, no voy a a ser menos. A veces estoy tan absorta en mis pensamientos que lo que pasa  a mi alrededor me es desconocido.

La desconexión tan absoluta con la naturaleza y los animales. Con un mundo sin ruido. Estamos tan acostumbrados al tráfico, a los gritos, etc. que cuando llegamos a un lugar donde sólo se escucha la naturaleza sentimos miedo.

Miedo a otros humanos. Por  ese individualismo tan bestia en el que nos hemos acostumbrado. Individualismo, desconfianza, paranoia, persecución...

Y algo importante con lo que me quedé y que me parece interesante y acertado; hemos visto tantos films del fin del mundo con zombies y otras tantas historias donde los protagonistas son "McGyver's" en potencia que parece que no nos identificamos con el desconcierto, con el miedo, con el no saber qué hacer, con la única verdad, que no sabríamos sobrevivir una semana sin luz, sin agua, sin nuestra rutina, nuestro mundo pequeño lleno de seguridad...

No me enrollo más...para mi está genial esta peli.

Lo mejor y lo que veo que nadie entendió y no le gustó es el final. 
El final es lo mejor de todo.