martes, 7 de abril de 2026

Diario Abril 7. De casa al aeropuerto.


 Hablando de viajes...En una hora vienen a buscarme y voy hacia el aeropuerto de Ezeiza. En estos días sin escribir, se resolvieron varias cosas en mi otro hemisferio. Mi  ex pingüino por fin solucionó todos sus temas y este mes pasado estuvimos los dos terminando de ordenar y arreglar todo lo que se necesitaba para hacer la operación. 
Hacer tratos con un banco, la verdad, no se lo deseo a nadie. Los muy desgraciados parece que te estén haciendo un favor. Nunca cambiará esa mierda de mentalidad. Pides un dinero que vas a devolver con una de intereses bárbaros, si no puedes pagar se te quedan la casa y te queda el crédito. 
¿Qué me estás contando satanás? ¿Qué favor me estás haciendo? 
Me pongo de los nervios y eso que el dinero no lo debo pedir yo...pero es que...casi que debes darles la talla de tus bragas, joder!

Por otra parte, sé que debería estar agradecida y contenta. Puedo viajar, sola, como siempre. Porque alguien debe quedarse con los tres perros y ese es mi marido...esta vez se nos complicó por el tema de las comidas y porque tenemos unos bicharracos no muy sociables. Y te da un poco de miedo dejárselos a alguien. 
Ya sé, hay guarderias. No nos fiamos...
Como digo, debería estar agradecida por poder viajar y poder ver a mi madre. Nunca lo conté pero el año pasado en estas mismas fechas tuve que pillarme un vuelo bastante deprisa, porque mi madre tuvo una caída donde se rompió tres costillas que a la semana derivó en una embolia pulmonar, en la siguiente semana en una neumonía y una bacteria en el pulmón. Y en esas viajé sin pensarlo. Por suerte después de un mes en el hospital mi madre se fue recuperando y yo pude estar a su lado. 

Parece ser que la primavera en ese hemisferio no es muy amigable. 

Siempre dije que tengo una especie de instinto brujil. Ayer estuve todo el día irritable, muy nerviosa y agobiada. La verdad, odio viajar. Odio el avión, y no porque le tenga miedo. Odio la incomodidad de estar 12 horas encerrada con gente que no conozco. Odio que mucha de esa gente sea muy maleducada.Golpes en el asiento. Personas que no paran de mover cosas de los compartimentos. Últimamente el pasillo del avión es como las Ramblas de Barcelona, un sin vivir. O sea. Un puto agobio. 

Pero era algo más, no sé. Pues nada...hoy supe el porqué. Hoy me llama el pingüino y ayer se pasó toda la noche en el hospital con un cólico renal. Y encima hoy a la mañana debía ir al banco (que está a 50 km) a buscar un certificado para llevarlo al notario. Un planazo fantástico el pobre hombre...

Y nada...me voy para el aeropuerto con mi histeria y mi agobio. 
Espero que me den de comer tempranito, que pueda ver por tercera o cuarta vez la peli de Elvis que dura dos horas y media y así no pienso en nada. Y que no se escape ningún misil del tarado de Trump en nuestra ruta hacia la península. Además caigo en Madrid y debo tomar el Ave...que me han dicho que en lugar de tres horas serán cinco...bueno, ¿sabes qué? que me da igual todo...




1 comentario:

  1. Creo que la última frase es el resumen, y la actitud, adecuada. Hay tantas cosas que escapan a tu control, tantas incógnitas que, al final, lo único que puedes hacer es cruzar los dedos y esperar que, ya que tu lo has dado todo, la vida te devuelva un poco de todo eso.

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