Renunciar también, es un poco una pérdida.
Con este nuevo trabajo he tenido que ir tomando decisiones. Ya hace un mes que trabajo en mi horario y aunque todavía me faltan muchas cosas que aprender, me he adaptado y le he pillado el truco bastante rápido. Los nervios todavía me matan, porque no me gusta hacer las cosas mal, y he invertido horas para tener pocas sorpresas. Así que todo va viento en popa y lo más importante, el trabajo me gusta. ( y bueno! dejémonos de tonterías, no trabajo para la Nasa...).
Pero evidentemente, el día tiene 24 horas y deberíamos trabajar sólo ocho, ¿no? Y con la casa, los perros, bla, bla, bla...siempre terminamos trabajando mucho más.
Pensaba que podría combinarme este trabajo de la mañana con el mío de la tarde...pero va a ser que no.
Yo tenía (bueno tengo) dos marcas de accesorios, que a pesar de no tener muchos seguidores en Instagram, me iba bastante bien. Soy de las que se mueven mucho por el barrio y dejo en depósito (consigna) material a las tiendas. Luego una vez por mes paso a hacer stock, repongo lo vendido, cobro y vuelta a empezar.
También vendo en plataformas online. Antes tenía mi propia tienda (que cerré a principios de año porque la cosa no andaba muy bien y pagar por pagar, pues va a ser que no.)
Total...que hace mucho que le doy vueltas a dejar una de esas marcas. Me da pena, porque son como mis hijos. Es algo que creé de la nada, buscar un nombre, buscar el estilo, crear piezas...pero todo tiene su fin.
O no.
Tengo una amiga muy talentosa y cada vez que quedamos hablamos del trabajo, ella es artesana, de las buenas, con mucho potencial y fuerza.
Es optimista, siempre mira hacia delante, por mucho que la vida se lo ponga difícil. Así que le ofrecí uno de mis hijitos ¿quién si no le daría todo ese amor que ahora le faltaba? Ella sin duda! Y no dudó. jejejeje
Así que le digo adiós a Reino de Sapos, pensaba que me daría más pena o que me costaría tomar esa decisión. Pero el día que Silvi se llevó todo el material y yo desocupé una parte de mi habitación/taller, sentí alivio.
Pero no sólo eso, sentí que quizás ahora esas piezas van a llegar más lejos.
Deseo que a mi amiga le vaya bien. Que llegue muy lejos, pero sobretodo, que le de un buen sueldo a fin de mes.
Que por eso trabajamos, al fin y al cabo.

Dejar ir cuesta, a mí me pasó que tuve un antes y un después generalizado. Me ocurrió que llevaba las acogidas en Caritas en mi parroquia cuando murió mi madre y a mí padre le repitió el ictus. Me costó delegar mi voluntariado en otros, pero al hacerlo fue como abrir una puerta a la liberación en un nivel de mi cabeza. Desde entonces voy aprendiendo sin estrés a soltar muchas cosas. Eso sí tarde 40 años en que llegase el modo superior de ver y ejecutar esa liberación. Y la verdad es que se vive mucho mejor cuando conseguimos hacerlo.
ResponderEliminarDeseo a tu amiga éxito con esa parte de tí que le has delegado.
Un abrazo!!
Buff, has tomado una decisión llena de sentido y generosidad que, creo, poca gente habría hecho. Es algo que siempre intuido en tus letras, la generosidad. Es verdad que es una forma de que algo siga su curso, ¿verdad? Como cuidar todo lo posible de un hijo sabiendo que vivirá su propia vida.
ResponderEliminarLa vida es siempre ir tomando opciones, nunca hay una perfecta. Me alegra verte en marcha y animada.. al menos te leo animada, ¿puede ser?