Llevo unos días muy agobiada. No sé porqué. O sí, y no lo quiero reconocer. Este trabajo me está costando un poco más de lo que pensaba. Ya sé, sólo llevo un mes y medio. No puedo aprenderlo todo en un miserable mes. Teniendo en cuenta que tampoco es que haya un formación espectacular. Es más: espabila como puedas!. Mañana lunes y toda la semana, me quedo las cuatro horas atendiendo llamadas yo sola.
Pues la verdad, no me siento preparada, eso me pone de muy mal humor y empiezo y termino con mucho dolor de cabeza. Una amiga me ha dicho que no debo tomarme las cosas tan en serio.
Es algo que no arreglo con la edad. Mejoré un poco, pero veo que no demasiado. Y el mal humor va en aumento. Tan en aumento que tengo ganas de mandar a la mierda todo.
También me he dado cuenta de que estoy cansada. Muy cansada. Necesito algo diferente. Ya no puedo con esta ciudad. Me supera. Tanto cemento, tanta gente en esta avenida, el ruido constante que no cesa ni un miserabale segundo. Coches y más coches. Gritos de gente desquiciada. Salir con los perros y tener que estar esquivando a niños, a más perros, padres histéricos. Creo que no lo soporto más.
El otro día, curioseaba un día de playa de unas amigas en el otro hemisferio. Estaban en una cala de la Costa Brava. Habían hecho una foto desde las rocas y se veía el mar de ese color azul verdoso. Ni si quiera sentí envidia, sentí ira. Y dolor. Hace diez años que estoy en esta ciudad. Estoy tan blanca que casi soy translúcida. Ya no sé qué se siente al pisar la arena caliente. Meterse en el agua. Flotar. Sentir el sabor de la sal. Salir hecha una pasa de uva. Secarse en un minuto tostándote de calor.
Aprovechar un domingo a la mañana, hacer 40km de mierda, llegar a la playa, bañarse y volver. Así de simple. Así de fácil.
Me odio un poco, por no haber sabido ver en su momento del privilegio de vivir cerca del mar. Y no de aprovecharlo más, también.
Y de seguir con este momento de incertidumbre. O con algunos años de incertidumbre. Donde todo está detenido. Donde no avanzamos. Donde me he quedado varada con una pata en cada continente. Y nada es fácil, ni simple. Porque la vida como tal te pone en estas situaciones y tienes que joderte.
Necesitaba vomitar este mal estar. Veremos cómo marcha la semana con el trabajo y si el frío continúa un poco más, que al menos es lo único que está a mi favor. Esta ciudad con frío. Sólo de pensar en otro verano en esta avenida y siento que estoy a nada de convertirme en Hulk.
