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miércoles, 4 de febrero de 2026

Febrero Día 4. Niños perdidos.


 Aquí estoy, a las cinco de la tarde, escribiendo sobre algo que escuché esta mañana en una cuenta que sigo que me dejó llena de tristeza. Últimamente aquí en Argentina se han dado varios casos (que corren por redes) de niños chiquitos torturando y matando a animales. Yo vi "de pasada" la primera foto que mostraron y evidentemente no quise ver más. Escuché la preocupación de la directora de un centro de rescate de animales explicando la gravedad del asunto. Mi costumbre o mi mala costumbre es leer los comentarios de las publicaciones. 

Como siempre, esos comentarios no aportan absolutamente nada. Deja en evidencia eso sí, en lo que nos hemos convertido como sociedad. Una sociedad deshumanizada completamente, ajena a muchos problemas y a la que le da igual como solucionarlos.

La mayoría de esos comentarios pedían a gritos ( esas mayúsculas que algunos ponen para dar más énfasis a una opinión que nadie pidió) la muerte de esos niños, ojo por ojo, ir a por ellos y matarlos, edad imputable de 10/12 años...No sé cuántos comentarios terminó teniendo esa publicación, la verdad, no me importa. Pero me dejó preocupada y triste. 

Hay un problema grave en Argentina, es obvio. Niños de doce años portando armas y haciendo uso de ellas sin ningún tipo de reparo. Te roban y te disparan. Quizás sólo por un teléfono móvil o por tus zapatillas. Niños. Niños que su vida no vale nada y la tuya para ellos tampoco. 

Son niños, por el amor de Dios. Niños a los que nadie cuidó. Niños llenos de agresividad, mugre, desidia, desamparo y olvido. Niños que deberían haber sido protegidos por sus padres. Pero sus padres son drogadictos, delincuentes o personas violentas que vuelcan sus mierdas en un ser al que deberían atender por encima de cualquier cosa. 

Niños de cuatro añitos, que he visto con mis propios ojos, durmiendo en la calle, mendigando entre una multitud descalzos. Te rompe el corazón. Eso es lo que vemos. Cuánta maldad y crueldad dejamos de ver, dejamos ni si quiera de poder imaginar. Niños que crecen en ese entorno. Un entorno que no comprenderemos jamás. 

No. No resto importancia a la gravedad de todo esto. Al contrario. Me preocupa muchísimo. Hay miles de estos niños en las calles. Perdidos. Pero peligrosos. ¿Cómo se puede recuperar la mente y los recuerdos de una persona que ha vivido esa violencia y a ejercido esa misma violencia contra alguien?.

Hay un problema muy grave de negligencia por parte de las autoridades. El abandono del gobierno desde hace más de treinta años. Niños que vienen de tercera generación de abandono sistemático. Varios gobiernos a los que nunca les interesó en lo más mínimo este problema. Y no creo que haya un plan para solucionar un tema que cada vez es más grande. Al contrario, se debate bajar la imputabilidad de 16 a 13 años. ¿Eso es mejorar algo? 

Preparar a personas para gestionar centros para ayudar a niños víctimas reiteradas de dejadez parental, jueces, abogados y trabajadores sociales implicados para hacer cumplir la ley. Nuevas leyes, para que todo sea más fácil. Educación, por encima de todo. Educación.  

No es ser de derechas o izquieradas. Es querer una sociedad más justa y más humana. Y por qué no, si lo pensamos, egoístamente nos beneficia a todos. Cada día muere alguien víctima de un robo con violencia y uno de ellos está perpetuado por un niño. Y estoy segura que algo se puede hacer. 

Pero creo que a nadie le interesan esos niños, como no les interesa los que desaparecen, los que se venden como exclavos sexuales. La vida hoy en día es un billete. 

Los niños deberían ser un tesoro a cuidar. No un objeto. Ni "algo con vida" para negociar. 

O puedes cuidarlo bien o no lo tengas. Punto. 

El Valor de una vida es una buena vida. No una vida de mierda. 




martes, 3 de febrero de 2026

Febrero Día 3. Revelaciones nocturnas.





Últimamente duermo como el culín. Me cuesta muchísimo conciliar el sueño. El calor no ayuda, eso también influye. Y las jodidas hormonas. No sé cuando mi cuerpo abandonará esta etapa de mierda llamada menopausia, que te va fastidiando con nuevas cosas cada año que pasa. Y ninguna parecida a que te toque la lotería. O sea, ninguna alegría. Bueno, sólo hubo una. Pero joder! a qué precio!

Doy vueltas y vueltas. El cortado de ayer. Lo estoy pagando. El colchón parece estar encima de un horno. Me doy la vuelta. Miro los pies de mi pareja. El pobre debe pensar que estoy como una verdadera chota. El ventilador de techo está al 2. Me levanto, lo pongo al 3. Hace un poco de ruido. Vuelvo a levantarme, de nuevo al 2. Ya mi lado de la cama está un poco más fresco. Me pongo boca abajo y muevo la almohada. Tengo mucho sueño. Mucho.

Empieza a dolerme la cabeza. Me doy la vuelta. Miro al techo. Intento relajarme y ponerme en plan últimos minutos de yoga. Palmas hacia arriba. Cierro los ojos.   Inhalar. Exhalar.

No me sirve. Pierdo la paciencia. 

Fuera pensamientos. Deja la mente en blanco. 

No puedo. Muchas noches aparece Chinchu. Lunes día 2 de diciembre. Ya en casa. La anestesia todavía lo tiene aturdido. Es raro. Aparto el pensamiento. No quiero regresar a ese día. Imagino su cara feliz. 

Muevo el recuerdo. 

De golpe una nueva imagen. Mis perros en transportines en el aeropuerto. Maduixa está aterrorizada, no deja de mirarme.Sé que cuando ya no me vea querrá escapar. Morderá el transportin hasta que le sangren las encías. Palito no parará de ladrar y de jadear. Y su corazón no sé si lo aguantará. Coquito llorará de esa manera que hace él cuando se queda solo. Estarán 17 horas como mínimo ahí dentro...me desespero. 

Cada noche es lo mismo. Hace poco que me he dado cuenta. La preocupación me mata. Viajar diez mil quilómetros con tres perros en un avión no es nada fácil. Quizás por eso postergamos tanto nuestro viaje. Quiero irme. Quiero irme, de verdad. Pero...la angustia me mata. O no me mata, pero no me deja dormir.



martes, 22 de abril de 2025

Casilla de quejas y embafes varios


 

Creo que no sirvo para hacerme mayor. Aunque lo sea.

Tampoco sirvo para tener grandes responsabilidades. Ni en un trabajo ni en casa. Muchas veces agradezco no tener hijos. Creo que sería muy infeliz. Las preocupaciones me matan.

Tampoco sirvo para pensar en el futuro aunque toda la vida andemos haciéndolo con más o menos fervor. Pero cuando eres joven el futuro se ve lejos, con muchas posibilidades. Ahora las posibilidades van acotándose y si le ponemos el súper plus de la vejez es como una gran copa de fresas con nata. Terminas "embafat" (expresión catalana que significa: sentirse pesado, lleno, debido a su dulzura o grasitud. También significa cargoso).

Dije que 2025 sería una mierda. Pues lo sigue siendo. Creo que puede ir a peor. 

Me lo tomo bien. Aunque con un poco de estrés. 

Pienso en muchas cosas y sé que debo estar agradecida por todas "esas otras cosas" que salen bien, que son muchas. Pero igual estoy hasta el moño. 

Hoy estoy hasta el moño. Siempre digo que debo escribir más. Encontrar más tiempo. Restarlo a cualquier pantalla. Leer más. Y desconectar. 

¿Alguién sabe cómo hacerlo? Yo no. 

Igual me gusta pasarme por aquí y dejar mis quejas, como si fuera la casilla de quejas de cualquier oficina de cualquier cosa. Llegas, escribes, reputeas y te vas tan contento.

Al menos no molesto. O eso creo. 

Las preocupaciones y el futuro es de gente mayor, no recuerdo tener pensamientos recurrentes de trabajo, de lugar de vivir, de enfermedades o familiares viejos cuando era más joven. 

Hace unas semanas mi prima me decía: los papás se están haciendo grandes...Y yo la miré detenidamente y vi a esa niña flaquita que gritaba a pulmón cuando se enfadaba o cuando se reía con los morros llenos de chocolate de las lionesas que su padre (mi tío "el pastisser") traía los domingos cuando nos juntábamos la familia a comer y a los niños nos ponían en una mesa en la cocina y la liábamos parda con el postre. 

¿Tanto tiempo pasó? Pasaron nueve años desde que estoy en este hemisferio. Y pasaron un millón desde que fuimos pequeños. Eso me alegra. Odiaba ser pequeña. Odiaba ser un "ser" indefenso a merced de los "mayores". 

Pero ahora me empieza a dar miedo envejecer. Es un coñazo. 

Nada, ya se me va a pasar. 

O no.





Enciende La Pista
Pump Up The Jam

Enciende la pista
Enciéndela
Mientras tus pies están pisoteando
Y la gente está palpitando
Mira ahí la multitud está saltando
Enciéndela un poquito más
Que la fiesta continue en la pista de baile
Mira, porque ahí es donde está la fiesta
Y lo descubrirías si lo haces

No quiero un lugar para quedarme
Pon tu trasero en la pista esta noche
Alégrame el día


viernes, 3 de enero de 2025

2025


Creo que va a ser un año de mierda. 

Si si, lo sé, no se puede empezar así porque luego está eso de "decretar" y bla bla bla... y ya será una mierda todo el año...Y bueno...es mi sensación ¿qué queréis que os diga?

Tengo que estar siempre en "modo positivo" por mi trabajo y no puedo subir un post de porquería en instagram porque no queda bonito y el algoritmo del estúpido de Zuckerberg te hunde más en el vacío de esa plataforma sin sentido.

No. No empecé bien el año. 

Se murió mi perro. 

Mi ex todavía no ha resuelto el tema de nuestro piso en común, o sea después de un año viviendo en esa casa no tiene el dinero para darme mi parte ni parece posible que le den un crédito. (Inserte aquí un emoticono de hombros levantándose y manos abiertas en plan...¿qué te puedo decir nena?)

Mi marido está enojado conmigo día sí y día no porque quiere que le meta un abogado a mi ex. Quiere irse a España a vivir pero cada seis meses tiene que hacerse estudios médicos.

Debo cotizar en España sí o sí o me quedo sin pensión porque lo de aquí no cuenta porque no hay convenio. O sea, espabila a encontrar un trabajo cuando llegue.

Debemos trasladarnos con tres perros que deben viajar en bodega y me cago en mi puta vida...

Empezamos una terapia de pareja porque sino me marcharé yo sola...pero esta vez a Groenlandia o al Polo Norte donde nadie me encuentre y no haya señal de internet.

Estamos en verano y quedan muchos meses de calor por delante y eso lo llevo mal.

Debo lidiar con gente que me dice todo el tiempo: Ay que lindo te vas a vivir a España! y nosotros nos quedamos acá remando en dulce de leche...

Y yo...¿con qué remaré? Pues con nocilla o chocolate con churros...no te jode!

Qué guay cuando todo se ve desde fuera...

Odio este año y sólo estamos a 3 de enero...lo que me espera...






miércoles, 21 de agosto de 2024

Adelante


 Últimamente salimos poco. La excusa son los perros. Son cuatro y aunque se portan bastante bien no están acostumbrados a estar solos y con el tema de que puedan ladrar y molestar a los vecinos nuestras salidas se acortaron mucho.

Pero ayer fuimos a merendar. Me salté mi prohibición de tomar café a la tarde y lo pagué con mi noche loca de insomnio. Cómo me gustaría tener el "gen" del café y poder tomarlo a cualquier hora. Bueno, no es así. 

Se acercan los días de nuevas pruebas y análisis para controlar el...iba a poner "alien" para suavizar pero la verdad que ya no le pongo nombrecitos al cáncer. No es un alien, ni un bicho, ni un ser maligno; es un mieloma múltiple. Punto.

Como todo cáncer chungo se debe controlar cada seis meses. Y un mes antes mi compañero está taciturno, se despierta a las cinco o seis de la mañana, no sonríe y ocupa a tope su tiempo.

Ayer hablamos de eso. 

- Uno tiene la angustia aunque no se lo parezca. Aunque pienses que estás tranquilo la preocupación y la incertidumbre aparece de diversas formas.

Y es así.

Mientras comíamos las medialunas, él me miró y me dijo: - Imagina cuando estemos en España  tomando un café tranquilos en una pequeña cafetería de alguno de esos pueblitos costeros que conoces...si todo va bien...

Si todo va bien. 

Es como si se detuviera el tiempo. Este mes de agosto está siendo tan raro...y luego piensas en cómo te afectan unos análisis de sangre y un turno con el médico. Y qué larga se hace la espera. Se congela todo el futuro. 

El trabajo se me hace pesado, no me salta ni una idea, la creatividad desaparece, el cansancio hace su aparición y cada uno anda con sus cavilaciones. 

Y luego siempre hago lo mismo; todo está bien. Todo está bien, todo sigue adelante, el viaje, la mudanza, la nueva casa, los cafés por descubrir, los paseos por la montaña con los perros, las visitas a pueblos pequeños, un viaje de fin de semana a París...y todo estará bien durante un tiempo más. 

El tiempo suficiente para poder disfrutar de pequeñas cosas. Las importantes.




miércoles, 31 de julio de 2024

Menos dramas caperucita

                              

Odio el drama en la vida real. La vida ya es un drama eterno por todo lo que pasa ahí afuera. Cosas horrendas que les pasa a otros. También a uno mismo para qué engañarnos. Muchas cosas, demasiadas. 
Pero soy de las que piensa que siempre puede ser peor. 
Así que dramas los justos.

Pero veces estoy tan saturada que necesito patear algo. Ahora pienso porqué jamás me apunté a kickboxing o a kárate. Será otra de tantas cosas que no hice por no sé...por algún miedo o alguna manía. 
Y ahora me siento demasiado vieja, demasiado oxidada.

Drama en series de televisión o películas que al final nunca lo son tanto como en la realidad. O en la música donde el cantante puede transmitirte su dolor o su ira.

Drama en el blog. Cuando escribo. Y me pongo todo lo dark que necesito y lleno Pinterest de imágenes oscuras y elijo la que me hace sentir menos cuerda.

Drama que se queda en palabras, se escupe y se vomita. El drama real es para histéricas que lloran en las esquinas todo el tiempo y que necesitan que alguien las consuele. 

Mi drama es la ira. Es el enojo en lugar de la pena. Es enfadarme con la vida y el mundo en general.
Ese mundo inmundo lleno de violencia que todo lo destruye. Que te aplasta. 
¿Dónde escondernos? ¿ a dónde huir? Si ningún lugar es mejor hoy en día.

Y la vida se convierte en miedo si no la controlas. Si no te escapas a lugares donde la oscuridad no te atrape. Sólo vivas en color y nunca entre el blanco y negro.









miércoles, 24 de julio de 2024

Entre vuelos fugaces



28 de Enero/24 de Julio

Llegar a Devoto fue más rápido de lo que esperaba y no me equivoqué ni una sola vez.

Mi orientación es pésima. Daría lo que fuera por tener un extra sentido ( tipo Spiderman) porque ni Google Maps puede con mi torpeza.

Pero como preguntando se va a todas partes, aprendí en esta "ciudad de la furia" a preguntar mil veces antes de caminar innecesariamente.

Además con este acento Español y esas "eles" tan catalanas no paso desapercibida ni que vaya de incógnito. Así que cada vez que pregunto, me miran, me sonríen y casi que me abrazan...

¿Cómo no sentir desasosiego? Nunca me sentí tan cómoda en un lugar como aquí en Buenos Aires.      Hay mil cosas que no me gustan. Pero hay mil que me fascinan. 

Aquí encontré una paz y una tranquilidad que nunca encontré en mi país de origen. La verdad que no puedo explicar muy bien cuales son verdaderamente mis sentimientos cuando me siento a escribir. Porque quizás son sensaciones de cosas cotidianas que vivo aquí día a día. 

Pero no quiero enrollarme...llegué puntual y me topé con una tatuadora de lo más simpática y cercana. 

¿Cómo me pude tatuar Argentina en el brazo? Es algo que no logro explicar. Todo 2023 estuvo lleno de incertidumbre y zozobra. Sí, zozobra llena de angustia y vacío. Volver a un lugar que ya no es el que dejé. Yo no soy la misma de hace ocho años atrás.  Y el mundo tampoco. 

Miedo. Porque todo es diferente. Los trabajos, la gente, la manera de relacionarse. 

Una de las cosas con las que siempre estuve cómoda aquí es algo que parece estúpido pero en el fondo no lo es. La política de una país que no es el tuyo la sientes con algo de indiferencia. Te informas, lees, escuchas pero nunca terminas de inclinarte para ningún lado. No creciste con sus problemas, sus dramas, su historia. Entonces al no tomar partido lo ves desde arriba. Quieres que todo vaya bien, que el país mejore pero no entras en la grieta. España tiene una grieta enorme. Quizás en este momento es mundial. Pero la grieta en España existe y sé que me afecta. 

Es más fácil vivir acá y que te amen sólo por escucharte. Decidme "pava" a mi edad pero estoy harta de conflictos. Hasta el moño.

También me encontré con un trabajo que me gusta mucho y no sé si podré seguir con él.

Y bueno...

El regreso estuvo igual de sincronizado, sin ningún problema. Cuando llegué a casa mi pareja me preguntó cómo me había ido. Sonreí. Le dije que le había mentido y que no había quedado con mi clienta/amiga. Le enseñé el tatuaje. 

Lo conozco bien, sabía que en su imaginación el tatuaje ocuparía todo el brazo y parte del cuello. Ya me veía como un futbolista...Era mejor una mentira piadosa a que le diera un ataque al corazón por ansiedad.

 Y como buen argentino no puede entender que esté tramitando los papeles para la ciudadanía y que me hiciera ese tatuaje. Pero en el fondo sé que le emociona. Vi su sonrisa.  

Uno a veces no sabe porqué hace lo que hace. Es un simple tatuaje. Pero cuando esté allá recordaré todo lo que viví aquí. No puedo saber qué sentiré en ese futuro no tan lejano. Sé lo que siento ahora y es una mezcla de tristeza con angustia y esperanza a que todo vaya bien.






Con la luz del sol Se derriten mis alas Solo encuentro en la oscuridad Lo que me une con la ciudad de la furia. Me veras caer Como una flecha salvaje Me veras caer Entre vuelos fugaces Buenos Aires se ve tan susceptible Ese destino de furia es Lo que en sus caras persiste.

domingo, 27 de agosto de 2023

Tempus Fugit 1

 

La gestión del tiempo nunca fue lo mío. Pero en este hemisferio fue como un hachazo ver como lo pierdo. Hace un año atrás me compré dos cursos online dónde te enseñaban a gestionarlo. Cabe decir que el curso lo dejé a medias y ahí está ocupando espacio en Drive. Si a alguien le puede servir, se lo paso.

También me apunté a la moda del "journaling" y los "dailyjournal". Consiste en hacerte tu propia agenda o llevar varios cuadernos que te sirvan para organizarte. Listas de cosas por hacer mensuales que luego se clasifican por semana, luego por día y luego por hora. Y se van desmenuzando en pequeñas tareas que puedas asumir hacerlas. La verdad que este método me sirve un poco más pero igual sigo gestionando mal las horas. El móvil no ayuda mucho. Está claro que por ahí se van muchos minutos que se convierten en parte fundamental del día. 

Una amiga se levanta a las 5.30h de la mañana para que su día sea más productivo y lo aprendió de varias  "instagramers" que sigue y que son unas gurús de hacer mil cosas a la vez. Siempre me huelen a chamusquina. ¿Será que tendrán ayuda en algún sector de la casa? 

Levantarme a esa hora y mucho más temprano lo hacía cuando tenía la tienda y debía viajar a París a comprar. Y sé cómo me sentaba...todo el día de mal humor y medio descompuesta del estómago. 

-Te acostumbrarías. -me dice mi amiga. Sí claro, y dime tú, por qué debo levantarme a la hora de las gallinas si terminaré perdiendo el tiempo igual y mi día a día será ir como una zombie por la vida...No gracias. Quiero intentar que mi jornada sea productiva sin esclavizar mis horas de sueño. 

Me propongo muchas cosas. Hago listas como me enseñaron. Las ordeno y las deshago por sectores. Importancia o urgencia. Trabajo, ocio, casa y un mix de todo. 

A veces me preguntan en qué utilizo el tiempo si no tengo hijos.

Si no lo hacen así a bocajarro, lo hacen sutilmente. Un día tengo que hablar sobre lo desubicada de esa pregunta y la de: ¿Por qué no tienes hijos?. Pregunta que hacen muchas mujeres y hombres que todavía viven en otro siglo y creen que todo se centra en la descendencia que muchos no deberían tener...Esa es otra historia, también.

Volviendo al tiempo; me levanto a las ocho, ocho y media de la mañana y paseo dos perros (mi pareja pasea a los otros dos). Por suerte con él, nos partimos todo el trabajo de la casa. Desayunamos y limpio toda la casa. Es algo rutinario que no puedo dejar de hacer; pasar la escoba y recoger pelos como si fueran  las "bolas del Oeste Americano". Hacer la cama. Limpiar la cocina y los baños. Hacer la compra de lo que se necesita. 

En casa cocinamos todo. Muchos fines de semana hacemos "batch cooking" ( o sea cocinamos un montón de cosas y las congelamos para tener comida toda la semana). Pero otras veces cocinamos en el día. También cocinamos cada día la comida del pequeño Chinchu. El perro pequeño que siempre estaba enfermo y  que come "casero" y no "croquetas de perro". Y dos días a la semana a los otros tres. Han mejorado su salud al no comer esa porquería empaquetada y aunque uno piense que gastas más no es cierto. Gastas tiempo...solamente.

Después de todo eso ya es casi mediodía. Quizás debo despachar algún paquete de alguna venta del día anterior o de la misma mañana. Así que lo preparo y camino unas cuatro calles para llevarlo al punto de recogida. 

Cuando vuelvo ya debemos volver a pasear perros ( tres veces al día salen a la calle, un promedio de media hora cada perro). Almorzamos, comen ellos también. Limpiamos la cocina y ya nos dan las tres de la tarde...Y ahí me pongo a trabajar en mi habitación/taller hasta las ocho y pico de la noche.

En ese tiempo "organizo" las nuevas piezas, armo algo, pienso y escribo los temas de los posts para Instagram (donde vendo), subir historias para ser visible y que la gente no se olvide de ti y te compre. Arreglar de vez en cuando la Tienda Online y Mercado Libre (plataforma parecida a Etsy pero en Argentina). Estar pendiente de los precios (porque en este país la inflación hace que tengas que retocar casi cada mes...). Ir a los mayoristas cuando necesito algún insumo, quedar con alguna amiga, escribir, leer...

Siento que escribí esto del tirón...y si me parecía que no "hacía nada en todo el día" y me preguntan porqué no hago un curso o me apunto a  esto y lo otro ( tú que no tienes hijos... y trabajas ahí en tú casa "tranquila"...) ya me quedó claro que desde afuera todos opinamos. Pero cuando te paras a escribir (yo en este caso) atinas con todas las cosas que haces y que nadie ve o que una misma pasa por alto. Seguro que me olvido de más cosas que hago pero bueno...creo que este capítulo termina aquí.

Me doy por satisfecha.




sábado, 19 de agosto de 2023

El bien del mal



Hay gente estúpida. Y su estupidez va más allá de sus actos.
Para no creerme un ser superior diré, que seguramente hay alguien en alguna parte que piensa eso mismo de mi.
Cosas, seguro, muchísimo peores. Como yo las pienso de según qué personajes.
Podría escribir un montón de frases que sirven de cabecera para definirnos mutuamente. 
Pero la verdad, hoy voy a vanagloriarme de mi ética personal y mi capacidad de distinguir el bien del mal.

De diferenciar actos estúpidos de gente estúpida. De actos malos o de gente malvada. De palabras necias a gente necia por naturaleza. 
Podría hacer una lista o elaborar un plan, pero es más fácil que todo eso. Todo radica en la facilidad que tenemos los humanos en inclinarnos hacia el lado equivocado de la balanza. 
Donde el ego nos cubre de todas las mentiras posibles que podamos crear. Cubrimos nuestra piel de falsa compasión cuando en realidad estamos hechos de puro egoísmo. 
Simples. Somos seres simples. Cargados de explosiva estupidez.
Al acecho. Siempre preparados, listos para demostrar de todo lo que somos capaces.

Pero no vine a hablar de mi. 
Por que,  pese a que me incluyo en la descripción de esos seres deformes venidos a menos en la tierra, nunca podré ni querré parecerme a ellos.

Por eso me encargo de solventar ciertos problemas que crean ciertas personas. Sin embargo, siempre deseo creer que estoy equivocado en mi diagnostico y reviso los expedientes una y otra vez. 
Empiezo las vigilancias y las persecuciones. Pero a veces, por desgracia, no hace ni falta. Porque son tan evidentes los hechos que los señalan que no puedo darles ningún tipo de clemencia.

Cuando estaba al mando de otros, no podía ser objetivo. Ni podía contradecir las órdenes. Me daban una carpeta con un nombre y una dirección. Y la solución.

Cuando me di cuenta que a veces los ''de arriba" perdían el equilibrio entre ''el bien y el mal'' por cuestiones poco éticas y acabaron pareciéndose más de lo que debían  a los seres que perseguíamos, decidí desaparecer. 

Soy como las sombras que caen al atardecer. Soy el frío que llega de golpe en una tarde de otoño. Soy el desenlace de cualquier historia.

Espero. Estudio. Y caigo como un halcón atrapando a su presa. Sin compasión.
Por que no puedo tener compasión con la maldad. 
La maldad es la carcoma de este mundo agonizante. 
Se debe erradicar. Por eso estoy aquí y por eso sigo con mi trabajo. Sin ningún líder ni jerarca que pueda utilizarme para su propio propósito. 
Sin sesgos. 






viernes, 11 de agosto de 2023

Piezas


Eras como la diminuta pieza de un puzzle.

Desfragmentado. Perdido en un cajón sin caja. 

Piezas sueltas sin posibilidad de saber cómo encajarlas. Desordenadas.

Sin entender el significado.






domingo, 4 de diciembre de 2022

Del feísmo al Caligulismo *




Cuando abrí la cuenta de Instagram me dije que sólo la utilizaría para el trabajo.
Bueno, trabajo y mis perros. Me olvidé de que vengo del mundo de los blogs.
Escribir y comentar lo llevo interiorizado desde que perdí toda la vergüenza.
Siempre he intentado comentar con el máximo respeto posible. Si no estoy en nada de acuerdo con algo que leo la gran mayoría de veces ni comento y si lo he hecho o hago es  porque hay algo que me chirría, pero repito, creo, creo, que siempre he intentado ser respetuosa.

Comprendo que todos hemos recibido una educación diferente y procedemos de ámbitos diversos. Hay gente más abierta de mente y gente muy cerrada.
A veces no es fácil ser objetivo y pensar en el:  ¿cómo no puede ver algo tan sencillo?
Pero lo que yo veo no es lo mismo que otro ve.

Pareciera que las redes sociales en su momento nos iban a unir más. 
Acercar a las personas.
Crear comunidades afines a uno. Pero lo que se ha conseguido es algo innato del ser humano: La crueldad. Disfrazados tras un avatar, desde el anonimato que nos crea estar sentados tranquilamente en algún lugar y tecleando la pantalla del móvil nos hace creer que somos poseedores de la verdad más absoluta.

La inmediatez y la ignorancia es otra gran deficiencia de este siglo que se ha adquirido a pesar de tener google a mano y poder verificar, indagar, buscar y sobre todo contrastar información.
Lo más fácil es creerse lo primero que te cuentan. Y seguir al "follonero" riéndole las gracias y apoyándole en sus desacreditaciones.
Se origina en un momento determinado en un post, un lanzamiento de bombas ofensivas a diestro y siniestro sin control ni supervisión y la gente se queda tan ancha. 
Es muy triste.

Otra cosa que veo muy a menudo es la envidia. Todos sentimos envidia alguna vez y en nosotros está saber reconocerla, aceptarla y controlarla. Pero la gran mayoría ni siquiera creen que esa emoción va con ellos.
Se escudan en atacar a algo o a alguien en particular y no ven que la razón de toda su maldad radica en la envidia que sienten.

Lo peor de todo es que estamos en una Era donde las personas hemos dejado de hablar para discutir.
No importa lo que diga el otro, nosotros tenemos razón. Y ahí se terminó.

Hemos vuelto a la caza de brujas, al circo romano.

Pero muchísimo mejor. Porque no vemos sufrir al susodicho.
Está detrás de una pantalla, podemos echarle todo nuestro odio, nuestra fustración, nuestro mal día. Escribimos barbaridades, insultamos y vomitamos nuestro rencor.

En un segundo cambiamos de cuenta, miramos un paisaje, un perrito lindo, leemos un chiste y dejamos nuestra mierda en la vida de otra persona pero no importa.
Porque es online.

Y yo me pregunto ¿se lo diríamos a la cara?

Dicen los "listos" que en la red estás expuesto. Y yo respondo: en la calle también. Y nadie viene a decirte que esa chaqueta a cuadros es un asco o que te laves la cara de maldito.
¿Qué nos da derecho a insultar, desacreditar o hablar mal a alguien? Por el simple hecho de estar en una cuenta de Instagram, facebook, twitter...Vuelvo a repetir: ¿se lo diríamos a la cara?

La respuesta evidentemente es NO. No se lo diríamos. Ni se nos pasa por la cabeza.

Conclusión: QUE ALGO SE PUEDA HACER NO LO HACE CORRECTO.

Que el mundo se va al carajo.
Que la "peña" es muy maleducada. Insensible e ignorante.
Que la locura se adueñó de la gran mayoría y ni siquera somos conscientes de nuestra crueldad.
Ojalá esto cambie. Pero el día a día me dice que esto no ha hecho más que empezar.



Y bueno...rescato esta entrada porque últimamente blogger está siendo un nido de serpientes y me da una tristeza enorme. Una plataforma que está ya medio obsoleta y en la que todavía unos cuantos nos gusta escribir y seguro nos da igual que nos comenten pero lo hacemos por una especie de cariño o yo que sé...

Y cuando ves tan mal rollo hacia unos cuantos pues la verdad que da rabia. Hay muchísima gente muy frustrada en la vida y que tiene muchísimo tiempo y eso hace que lo empleen mal. Una verdadera pena porque podrían utilizar su vida para hacer el bien y no joder a los demás. 

Ojalá exista el infierno.



*Frase original de Fernando Bañó

martes, 16 de agosto de 2022

Historias Subterráneas: Fantasías.


 
Es cierto. Siempre fantaseamos con la idea de matar. Era tan fácil pensar en todas aquellas personas que sobraban en el mundo. Las teníamos tan cerca. Salían en televisión. Algunas veces sólo tenías que alargar  la mano y allí estaban todos los que asesinaban a niños, mujeres, animales. 

Como sociedad  habíamos naturalizado de tal manera la violencia que ya no nos importaba ver con nuestros hijos las noticias,  mientras comíamos. Nuestros hijos veían cuerpos despedazados cada día y memes de gente saltando por un balcón, atropellando a alguien o disparando un arma.

Sí, perdón. Fantaseamos muchas veces con la idea de matar. 

Nos reuníamos los tres y al principio era pensar en amenazar. Amenazas al sujeto, haces que se cague de miedo, le pegas el susto de su vida y esperas a que cambie. 
Sino cambia, está muerto.

No. No nos reíamos. No era una broma. Era algo muy serio. 
Las reuniones después del voluntariado se hicieron más necesarias, más intensas.

Nos conocimos el 1 de enero. En Año Nuevo. Cuando todo el mundo duerme por resaca. Cuando todavía el día estaba oscuro. Con la nieve cubriéndonos los tobillos nos saludamos en la puerta del refugio. No queríamos quejarnos del frío cuando a esos trescientos perros se les congelaban hasta las pestañas. Ahí estaban ellos, esperándonos moviendo la cola y ladrando. 
Cubos de agua congelados, mantas mojadas. Casetas inundadas o destrozadas por el peso de la nieve. 
Trabajamos todo el día hasta que oscureció de nuevo.

Volvimos a encontrarnos otros fines de semana o días festivos. 

B tenía un trabajo agotador, era asistente social y cada día tenía que lidiar con la desidia y el maltrato. Era dulce, cariñosa, paciente y muy alegre.  Pero su último seguimiento la había sumido en un estado de desesperanza y angustia. No conseguía dormir bien y sus días libres se los pasaba llorando. Quizás por eso se unió al nuevo grupo de voluntarios del refugio. No importaba lo cansada que estuviera, ella siempre estaba ahí con una sonrisa, con café para todos y muchas manos para acariciar chuchos.

C era policía y sólo de mirarle a los ojos ya sabías que algo andaba mal. Sufría. Mucho. Su tristeza empañaba los silencios. Hacía los trabajos más pesados. Arreglaba vallas, reconstruía todo lo que se rompía, cargaba la basura. Siempre con esa mirada perdida. Con el tiempo lo entendí. Siempre fue un policía encubierto. Tragándose la maldad humana, la crueldad extrema, lo que nadie sabe ni ve. 
Lo que sólo se intuye en las películas dramáticas o de terror. 

Fue algo que tenía que ocurrir. Hacernos amigos. Fantasear.

Hasta que ocurrió algo...cada año comprábamos lotería de diferentes organizaciones e imaginábamos todo lo que podríamos arreglar en el refugio o en el orfanato donde B solía ir a visitar a ''sus'' niños.
Toda la ropa que podríamos comprarles, juguetes. 

También fantaseábamos con cosas lindas. 
No se crean. 

Porque para lo otro necesitas muchísimo más dinero. Mucho más. 

El que luego tuvimos y con el que todo empezó.

To be continued...



*Inspirado en la última entrada de Sbm
Verdades Inmutables 

http://sobremorir.blogspot.com/



sábado, 6 de agosto de 2022

Salir a la calle y ser feliz no es algo fácil.

 


Pablo trabajaba en una fábrica que cerró hace mucho tiempo. Tenía un piso alquilado. Nunca le dió el sueldo para poder compar uno. Vivía. Y ya. Con la devaluación el dinero de la pensión ya no daba para pagar el alquiler así que metió cuatro cosas en dos bolsas y dejó su casa con todos los recuerdos de su vida. Su mujer ya no vivía y no tenía hijos. Su perro murió hacía un tiempo y eso lo alegra. 

El primer día en la calle fue un infierno y no durmió en toda la noche, ni la segunda ni la tercera, ahora duerme unas horas solamente. En menos de medio año envejeció diez años más. Así es la vida: me dice. Durante el día y parte de la noche se la pasa viajando en el subte, ahí se siente acompañado y no hace frío. Luego se sienta dentro de un cajero automático durante horas. Se compra una botella de coca-cola que le llena mucho la panza y a veces chocolatinas. No pide dinero a nadie, pero a veces alguien le da algo porque lo ven ahí sentado en la calle con la cabeza gacha. Como yo.

No me veo como un indigente, me dice. Yo tampoco la primera vez que lo vi. Con su bolsa de alimentos, su camisa limpia y planchada y sus zapatos lustrados. Ahora ya no va limpio y todo lo que tiene lo lleva puesto. 

Se me parte el corazón cuando lo veo pasar mientras yo paseo a mis perros. Cada vez que nos cruzamos sonríe al ver a Chinchu, mi perro pequeño; que es muy gracioso. 

A veces salgo a la calle con quinientos o mil pesos por si veo a Pablo. Ya sé que no le arreglaré la vida. Pero es eso o nada.

Me gustaría que las personas fueran como los perros. Los sacas de la calle, los alimentas, les das un baño y un poco de cariño y les buscas una casa de adopción para que vuelvan a tener la vida que se merecen. No sé si Pablo se merece otra vida mejor. No sé qué vida tuvo ni si fue una buena o mala persona. 

Un perro es más fácil. Lo cuidas, te mira y te puedes imaginar la vida de mierda que tuvo según su comportamiento.

Las personas también tienen vidas de mierda pero no estamos preparados para hacer nada. No puedo llevarme a este señor a casa. Ni a Ezequiel.

Ezequiel vivió durante unos meses en una esquina de otra calle que está en el recorrido que hago con mis perros. Ezequiel tendrá unos veinte años, argentino, siempre vivió en la calle.

Durante el tiempo que estuvo ahí le llevaba el desayuno y la cena. El almuerzo se lo llevaba otra chica que trabajaba al lado dónde él dormía. El segundo o tercer día que lo vi, me decidí a llevarle un café y unas medialunas y le pregunté qué prefería, si café u otra cosa para el día siguiente. Me dijo que leche con chocolate. Sentí dolor.

Maduixa se le acercaba  y le daba lengüetazos y él la abrazaba.  Maduixa es mi otro perro y ama a la gente. Creo que tiene un sexto sentido. Ama a las personas "de la calle".

Ezequiel no tenía todos los patitos en fila. A veces lo observaba. Se sentaba encima de sus mantas sucias y su pelo lleno de rastas  y se reía y hablaba al cielo. Desapareció un día tal como apareció.

Pablo, Ezequiel y miles de ellos multiplicados por millones son el resultado de una política populista y de odiar al pueblo Argentino. Gobernantes que se jactan y gritan en sus discursos de ser patriotas y de amar al "pueblo" y de echarle la culpa a otros partidos políticos. 

Pero lo cierto es que Argentina lleva décadas manipulada por unos pocos que la han llevado a la miseria y han conseguido que su gente mendigue por un plan de mierda, no tengan futuro,  no tengan nada. 

Que gobiernen provincias como si fueran caciques. Que se roben todo y más. Y que ahora se estén vendiendo sus recursos y sus tierras a los Chinos por cuatro dólares. 

Es una tristeza este país hermoso y ver cómo lo despedazan para tener más dinero y poder. Y que la gente, esa misma gente que los vota no puedan verlo por ideología.

Yo no soy patriota ni nunca lo seré, nunca voy a mojarme por una bandera, ni por un partido político, ni por ningún país. Intento ver lo bueno y lo malo. 

Por eso nunca entenderé a esos que van de ''patriotas'' y no ven más allá de su ideología de mierda que normalmente es heredada de sus padres. Esa ideología que no les deja ver cómo los engañan, como los manipulan y destrozan todo aquello por lo que dicen amar. 

Es una tristeza ver el mundo al que nos vamos dirigiendo. 

Salir a la calle y querer ser feliz no es algo fácil cuando ves tanta desigualdad y tanta indiferencia. 




viernes, 2 de abril de 2021

Visualizar




En medio del pasillo hay una niña sentada en el suelo, con un juego de café antiguo de la Cartuja de Sevilla. Al lado, un montón de cartas abiertas y papeles varios. 
Juega que tiene mucho trabajo. Paga facturas, habla con diferentes personas, repasa los papeles y toma café sin parar. Mira hacia lo lejos con ojos que ven. 
Su madre la observa un segundo y frunce el ceño. Ten cuidado con esas tazas que son antiguas...
Ella regresa un momento del lugar adónde fue. Sí. Tendré cuidado. 
Y sigue hablando por lo bajini, murmuros y susurros. Discute con alguien. Se desespera. Le duele el estómago. Ve problemas pero sonríe porque le gusta su trabajo y todo lo que eso conlleva. 
Y toma otro sorbo de café imaginario. Mira la taza con ese estampado de color rojo, la deja despacio, con cuidado sobre el platillo. Su madre comenta algo que ella oye desde otro lugar: qué buena nena...se entretiene con cualquier cosa...

Apoyada en la pared de su habitación sentada en el suelo y con las piernas dobladas, mira al frentre. La pared blanca. Eso es lo que ve su madre cuando entra y la ve mirando fijamente la nada. ¿Estás bien?
Levanta la vista. Sí. ¿Por qué? 
Porque llevas no sé cuánto rato ahí sentada sin hacer nada...Pienso.
Esa adolescente imagina diferentes futuros llenos de vida. A veces escribe. 
A veces sólo visualiza.
En un futuro lejano le dirán que eso es meditar...Le da igual. La cosa está en ver. 

Con la edad. El tiempo de traspasar paredes o hacer ver que tomas café se hace más difícil. El café lo tomas de verdad. Las facturas y papeles se han hecho tangibles. 
No hay madre que te mire como si estuviera a punto de llamar a psiquiatría y  que te enfunden en una camisa de esas feas. Te miras directamente en el espejo con ojos críticos. O eso intentas.

Todo lo que visualicé, con los años se cumplió. 
Yo veía. Y hacía. 

Hace un tiempo que ese ''don'' se oscureció. 
Y me cuesta visualizar mi futuro o el futuro en si.

Supongo que es algo normal en este momento que estamos viviendo todos. 
No debo ser la única a quién le pasa.  Justo el otro día escuchaba un psiquiatra que hablaba de la desesperanza que se está instalando en la vida de las personas. Desesperanza y un agujero negro.
Muy negro. Que nos entorpece hacer planes o sentir que todo esto pasará. 

Y sí. Pasará. 

En los ochenta nos imaginábamos el fin del mundo con extraterrestres o que los rusos y los yanquies se cargaban el planeta...El planeta nos lo cargamos cada día nosotros mismos. Solitos. Y ya estamos en el fin del mundo. O lo que es el fin de una Era. El mundo que habíamos conocido ya dejará de a poco de existir. La manera de comunicarnos, de trabajar, de salir a la calle, de viajar. Negamos. 

Así que deberé esforzarme en visualizar una nueva manera de vivir. Y dejar que la nube negra se desvanezca poco a poco  y pueda ver. 
Ver a través de cualquier lugar.



 

I'm waking up

I can feel it all

I'm waking up

I can breathe

I can love for you

I'm waking up

waking up

domingo, 24 de enero de 2021

Juntar palabras


 


Hace mucho que no escribo en serio. Me duele no escribir. 

Escribo estupideces mayormente positivas en mis dos cuentas de Instagram. Pero odio Instagram. 

Aún así lo utilizo. Porque es una red diseñada para el móvil. Blogger está diseñado para sentarse delante de un ordenador. Y pareciera que he perdido la costumbre de sentarme y escribir. 

Me compro cuadernos y me digo una y otra vez que volveré al formato papel y escribiré un pequeño diario con fotografías bonitas y pensamientos negros. Pero los cuadernos siguen apilándose. Y yo sigo sin escribir. Quizás necesite incertidumbre y malas noticias para juntar letras. Quizás como siempre juntar palabras hace que la vida sea más fácil. Y la incertidumbre y las malas noticias menos malas valga la redundancia. 

Supongo que por eso estoy aquí hoy. Justo hoy. Porque aunque me haya propuesto seguir positiva en modo automático, como me dije hace muchos meses, a veces el miedo te atrapa. Y el miedo es algo que te atora, que te deja sin respiración en un rincón. Que hace que se te congele la sangre y te tiemblen las piernas. Que tambalees. Y hacía tiempo que esa sensación no existía en mi mundo.

Pero mi mundo se está volviendo resbaladizo.

Cuando el cáncer entra en tu vida y  en tu casa e invade tu espacio, todo se paraliza. La vida queda en suspenso. El futuro queda incierto. Volátil. Ya no hay futuro tangible. Hay futuro presente. 

Y es raro pensar en un futuro sin páginas llenas de proyectos. Se hace extraño. 

De pronto todo adquiere otra magnitud. Al principio, durante meses, no te das cuenta. Un día, de repente caes frente a frente con el miedo. Lo miras a los ojos fijamente, no parpadeas, no respiras, mantienes el aliento y lo sientes. Penetra en tu cuerpo, en tu mente en tu espíritu. No puedes correr hacia ningún lugar, no puedes escapar. Sólo puedes sentirlo. Debes dejar que invada cada rincón de tu ser. Debes saborearlo. Sufrirlo. Para volver a respirar. Para volver a ver.

Ver entre rendijas. Entre presentes. Siempre el presente.

Debes aferrarte a él. 

Quiero poder sentarme y escribir. Escribir como si de brujería se tratara, como si el teclado fueran brazos y piernas danzando alrededor de un fuego grande, anaranjado y caliente. Moviéndose al compás de un tarareo mágico, embriagador, conjurando hechizos. 

Escribir hace que todo lo difícil se vuelva fácil. Que la tristeza se calme. Que la furia se apacigue. Que la incertidumbre se diluya. Escribir hace que seas la presa que abre sus compuertas en tiempos de lluvias que no cesan. El río que se desborda. El huracán que todo lo arrasa.

Y al día siguiente ser el sol que todo lo ilumina. La claridad que da esperanza. 






viernes, 27 de marzo de 2020

Joker y la tristeza escondida tras la risa.



Ayer vi  "El Guasón" (Joker).
La foto que elegí es para mí la que mejor define el estado de ánimo del personaje, de la película y de mi misma durante todo el film: tristeza y desesperanza.

No me siento identificada con él porque por suerte mi vida no ha tenido ni tiene nada que ver. Pero siento que millones de personas son/tienen un poco o mucho de este personaje.
Y los demás nos hemos acostumbrado a mirar hacia otra parte.
A mirar con asco o con desdén.
A sentirnos incómodos cuando alguien es "diferente". Hacer ver que no vemos.
A ser indiferentes.

Hay escenas que me generan ira. Porque odio las injusticias y porque odio la aparente "superioridad" de algunas personas. Ese tipo de personas (no hace falta que sean de "alto abolengo") que se creen más y mejores que otras. Quizás por ser blancas, por tener más estudios, por tener un buen trabajo, por ser más fuertes, por tener simplemente una casa...no sé...por cualquier estupidez.

Y están en todas partes también, como los que abandonan a sus animales de compañía. Tenemos la mala costumbre de pensar que los hijos de puta, la gente mala, están en otros lugares y que no pertenecen a nuestro entorno, a  nuestra familia o amigos. 

Pero la maldad está ahí afuera. Y por desgracia algunos la tienen dentro de sus casas.
Y son víctimas de ella.

Esta película me hizo pensar en cómo están de desamparadas  algunas personas de nuestra sociedad. Una sociedad que se jacta de ser solidaria en redes sociales. Que sale a los balcones a aplaudir cada noche y tienen su momento de "la buena acción del día".
Pero ¿todos lo son realmente? ¿tan solidarios, tan comprometidos?

Arthur Fleck (Joker) en un momento determinado dice: No he sido feliz ni un sólo minuto de mi vida.

Y pienso justo ahora, cuando un tanto por ciento de la población se queja día tras día que se aburren en sus casas, en todos esos niños que viven con unos padres que los maltratan o que quizás quedaron varados en casa de un familiar que abusa de ellos. Niños para los cuales su tabla de salvación es ir a la escuela, niños que comen una vez al día gracias a esa escuela.
Mujeres que deben soportar la cuarentena con su maltratador,  intentando minuto a minuto que nada haga de detonante para un nuevo enfrentamiento.
Eso no va a salir en las noticias. Porque no debe cundir el pánico. Pero sucede, aunque no lo veamos.

Esta película te hace pensar. Mucho. Quizás porque Joaquin Phoenix traspasa la pantalla y te hace empatizar con su dolor. Hace que sientas ese abandono que genera la desigualdad, las enfermedades mentales, ser el blanco de las burlas y de los golpes de los que se creen mejores que otro.

Cuando era pequeña me daba terror poder ser la niña de la que se reirían o a la que pegarían. En el instituto siempre había alguien de quien reírse. Era algo que yo no soportaba. Intentaba tratar bien y ser amiga de los que eran el "blanco fácil". Recurrí un par de veces a la violencia y a las amenazas para ser más fuerte. Sigo pensando que a veces hay personas que sólo entienden esa manera.

No justifico a Joker por convertirse en el peor enemigo de Batman. Hay personas que viven un infierno y no se hacen asesinas pero arrastran toda la vida un dolor que no les deja ser felices, nunca. He conocido personas así. Lo llevan en su mirada.

Esta película no te deja indiferente.






Arthur Fleck: ¿Has visto cómo es allá afuera, Murray? ¿Alguna vez dejas el estudio? 
Todos solo gritan y gritan el uno al otro. Ya nadie es civilizado. 
Nadie piensa cómo es ser el otro chico. 
¿Crees que hombres como Thomas Wayne alguna vez piensan lo que es ser alguien como yo? ¿Ser alguien más que ellos mismos? Ellos no. 
¡Piensan que nos sentaremos allí y lo tomaremos todo, como buenos niños! 
¡Que no seremos hombres lobo y nos volveremos locos!

lunes, 9 de marzo de 2020

El subte es un lugar triste.




Tomo el subte para volver a casa. No va muy lleno y hay asientos libres pero lo cierto es que no me gusta viajar sentada si el trayecto es solo de veinte minutos.
Prefiero ir de pie y disimuladamente observar a la gente.

Justo delante mío tengo una chica de menos de veinte años. O eso creo porque me doy cuenta que desde hace tiempo, se me escapa eso de acertar con la edad de las personas. Veo a todo el mundo mucho más joven de lo que es y mucho más joven que yo.
Y eso que cuando me miro en el espejo, éste no me refleja mis números.
Es realmente extraño. Uno ve el paso de los años ajenos y no es consciente del propio. Es algo así como el espejo de la malvada madrastra de Blancanieves, pero sin andar preguntándole.

Veinte años, creo, más o menos. Lleva un buen rato con la cabeza gacha. La barbilla le toca el pecho. El cabello, rubio teñido, con una raya de tres dedos más oscura en el centro de la cabeza, le tapa parte de la cara.
Está llorando.

Es un llanto contenido pero las lágrimas le salen disparadas. Es ese tipo de llanto desgarrador reciente. Del que después de asimilar la mala noticia no puedes ni sabes contener. Es igual dónde estés. Es igual con quién estés.
Te sale del estómago, te lo aprieta, te lo retuerce y sube sin concesión hacia la garganta. Intentas tragar, reprimirlo, darle la orden para que se quede ahí abajo...pero te es imposible.
Llora desconsoladamente. En silencio.

Su cara es la tristeza personificada.
Me gustaría tocarle el brazo y decirle que todo pasará.
¿Por qué la edad no me da poder para saber qué decir en estos casos?

Pero quizás su dolor no pasará tan pronto y me parece muy banal soltarle a alguien esa frase. Porque la muerte no pasa así como así. Ni una enfermedad. Ni un cambio de país. Ni siquiera el amor.

Creo que vivimos tan rápido que todo debe pasar de la misma manera y que estar triste ofende a muchos. O como escuché el otro día; estar triste incomoda a las personas.
Y lo cierto es que sí. Estar triste es como la soledad, como los silencios largos, como no pertenecer.
Es incómodo. Y es desalentador.

Saca un pañuelo de su mochila, se suena la nariz y se seca las lágrimas.
Su mirada sigue fija en el suelo. Para de llorar.
Viste unos jeans desgastados  y una camiseta blanca, con la palabra "Love" en rojo, escrita a la altura de su pecho. Lleva unas gafas de montura redondeada metálica, dorada. Sus zapatillas deportivas son sin marca, azules y blancas.
Su atuendo es muy humilde. Parece una estudiante con su mochila negra.

De nuevo arranca el llanto. Estoy segura que su cabeza es un hervidero de miles de pensamientos, de recuerdos. Nada que no sea realmente importante te hace llorar de esa manera tan intensa.
Quiere controlarse pero definitivamente es más fuerte que ella.

Me da pena no saber cómo  acercarme a una extraña y poder mirarla a  los ojos y sonreírle para que pueda sentir que quizás, quizás algún día su dolor se irá o al menos se mitigará.

Se acerca una estación importante.
Respira profundo. Se seca las lágrimas y vuelve a sonarse la nariz.
Despacio. Muy despacio, toma sus gafas, abre las patillas y se las pone con sumo cuidado.
Se incorpora. Me mira a los ojos y yo la miro.
Se abren las puertas del subte con un pitido.
Ahí va esa chica triste. Sin que nada ni nadie la contenga de su tristeza. Odio hacerme mayor y no tener herramientas emocionales salvadoras para estos casos.

Me quedo absorbiendo su dolor y su angustia. Su desesperanza.
E imagino mil historias.

El metro es un lugar triste. Es un arca subterránea llena de emociones.
De almas que viven a medias. De sentimientos diversos.
La mayoría de ellos son tristes, sólo tienes que observar. Te empapas. Te aspiran.

No...la verdad es que al menos a mi, la edad no me ha dado armas para poder ser más cercana, más amable o simplemente para tener la palabra o el gesto adecuado en cualquier momento. Sobre todo en los malos.