Tenía cinco o seis años. Recuerdo perfectamente en qué casa era. Vivíamos en Girona.
Me sentaba en el suelo del comedor con las piernas flexionadas en cruz y me quedaba embobada mirando la televisión en blanco y negro.
Eran tardes de verano.
Mi madre trasteaba limpiando la casa. Y de vez en cuando me miraba desde la puerta.
-¿Qué miras cielo con ese interés?
-La tele.
-Ya veo...
Siempre he sido de poner atención a todo. Seguramente tenía los codos apoyados en mis piernas y las manos bajo mi mandíbula aguantándome la cabeza. Hay cosas que no cambian. Como sentarme en el suelo. Cruzar las piernas. Mirar al tendido y pasarme horas pensando. Intentando comprender las cosas que suceden.
Los recuerdos son extraños. Aparecen un buen día sin más.
Mi madre al final se acercó y miró hacia el televisor.
-¿Te gustan?
-Mmmm
-¿Por qué te gustan?
Estoy convencida que seguí mirando a la pantalla sin mirarla a ella.
-Son bonitos.
-Si Judit, lo son.
-Me gustaría tocar su piel. Pero sudan mucho mami...
-Ah,si? ¿cómo sabes que sudan?
-Jolin...fíjate...brillan...-y sé que la miré como diciendo...Aay! que ver...
Mi madre me miró con ternura y pena. Entonces no entendí su mirada. Hoy recordando la situación, la vuelvo a ver.
-No reina...eso no es sudor...es sangre.
Seguro que fruncí el ceño.
-Es sangre -repitió.
Me imagino a mi misma mirando otra vez atentamente la pantalla e intentando procesar las palabras de mi madre.
Cambié el sudor por sangre.
Ese líquido viscoso, rojo como los polos de fresa que nos hacía ella.
O cuando me corté un día el pie y empecé a sangrar.
Tardé unos minutos. El choque visual fue brutal. En blanco y negro.
Me quedé mirando el televisor y a ese señor vestido tan gracioso . Con esos movimientos casi de baile. Y ese animal majestuoso, gigantesco, delante suyo.
Los dos danzando al unísono. Danzando con la muerte.
-¿Estás bé petita?
Asentí con la cabeza.
Y arranqué a llorar. Me pasé media tarde llorando.
Era una niña de muy pocas lágrimas.
Sentí un dolor punzante en el estómago. Vi sangre en la arena. Vi sangre en su hocico.
Vi sangre en el hombrecillo. Vi sangre en el caballo.
Vi litros de sangre en todas partes.
La sangre chorreaba de su lomo, de las heridas...brillante y oscura. Pegajosa.
Luego observé a ese animal majestuoso, caer de rodillas delante de ese ser pequeño que levantaba los brazos con su gorrito en mano y hacía un gesto de victoria al público y de nuevo se giraba prepotente y miraba de cerca su triunfo.
Algo se rompió en mi aquella tarde.
Luego, por desgracia, la vida te muestra que puede hacerlo muchas más veces. En cada una de ellas me alzo más convencida que el ser humano es despreciable.
Y con la edad me doy cuenta de su necedad.
Ahora comprendo algo que antes no entendía, hay personas que se han quedado con la imagen en blanco y negro del sudor de ese animal.
Me gustaría alguna vez poder dialogar con alguien sincero. Alguien que no se acobarde de ir en contra de "unos cuantos...".Alguien que me diga:
Sí Maman Bohème soy taurino o simpatizante con estas fiestas. Me gustan los toros.
Sé perfectamente que se les inflige dolor, sé que sufren.
Pero aún así soy capaz de abstraer mi mente a ese hecho y disfrutar del espectáculo.
No siento vergüenza ni me escudo detrás de palabrería barata, ni me víctimizo con los insultos con los que a veces he de lidiar por personas que no me comprenden.
No ataco a los que me atacan porque soy libre de que me guste algo que "todavía" no está prohibido.
Y me gusta porque...y me explique.
Yo asentiré con la cabeza. Ni voy a intentar cambiar su manera de pensar, ni darle argumentos, ni nada. Ya me dijo lo más importante.
Todas las personas con las que he hablado a las que les gusta cualquier fiesta relacionada con los toros, todas se justifican y atacan.
Nadie nunca ha querido, ni quiere reconocer algo obvio. Que el animal sufre.
El toro está criado para eso. Vive de puta madre toda su vida. No siente dolor. Está hecho para ésto...etc,etc,etc.
Señores. Sean dignos, sean valientes. Odio a los cobardes.
El toro es un mamífero artiodáctilo, de la familia de los bóvidos, dejen de joder.
Tienen un sistema nervioso igual al nuestro y responden psicológicamente como nosotros.
Sean consecuentes con lo que les gusta. Y no se ofendan porque hay gente que no puedan entenderles. Con un par.



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