Me sorprendo últimamente inusualmente calmada. Tras primeras reacciones, que ni si quiera son de rabia, sino quizás un poco de tristeza o remordimientos estúpidos que no sirven para nada y menos según que para qué personajes, ni para pasajes de esta vida. A veces, sólo me inunda la pena.
O me dejo arrastrar según qué días por la melancolía.
Esta primavera a parte de resfriados varios y alergias nuevas que me dan la bienvenida, paso de que se me lleve por delante esa rabia contenida que tenía años a...y que hacía que tuviera contracturas severas o gastritis galopantes.
Hace muchos años decidí alejarme de todo aquello que me hiciera "demasiado mal" aunque con ello egoístamente tuviera que abandonar según qué y quién...
Luego fui engullida por una espiral de olvido que no me dejaba tranquila, porque los recuerdos son aquellos pequeños trols hijos de puta que te pegan bajo las costillas de vez en cuando para invocar lo maligno. Para que de vez en cuando te mires en el espejo y veas que quedan señales esparcidas por tu cuerpo, que nada es tan fácil.
Pero lo es. Sencillamente lo es.
De mayor (no me queda mucho ya) me gustaría ser o quizás aprender a caminar muy erguida y tener una mirada invertebrada. Poder hablar con pausas y sin cimbreos en la voz. Que la sangre no se agolpe en la cara y que nada pueda rebatir mi discurso.
Por suerte, yo soy de las que aprendo de los tortazos.
Me hago más sabia a base de cicatrices varias.
Pero eso no es un lamento, al contrario, el aprendizaje nunca se acaba.
Hay un montón de cosas por hacer con uno mismo.
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